Parece tan evidente que hasta podría parecer innecesario decirlo: ¿cómo evitar que la fatiga al volante te asalte? Estando bien descansado cada vez que te subes al coche. Y, por supuesto, parando a descansar y estirar las piernas cuando llevas ya dos horas conduciendo sin parar. No obstante, los humanos no somos siempre los mejores jueces ante nuestra propia fatiga y un exceso de confianza puede resultar en que nos cansemos más de lo esperado.

La fatiga hay que tomársela en serio porque no es necesario llegar al extremo en el que se te cierran los ojos para que sea peligrosa. El mayor peligro radica en que, antes de que la notemos o seamos conscientes de que supone ya un peligro, provoca que nuestra atención al volante se reduzca. La fatiga es la cuarta causa de siniestralidad mortal en las carreteras españolas, así que es mejor tomársela en serio.

Los datos no hacen más que probar que todavía es necesario insistir: en un encuesta realizada por el Observatorio Español de Conductores, el 55% de los encuestados admitió que en los viajes largos no para cada dos horas, como se recomienda. Y, de hecho, un 20% directamente no para en un trayecto largo hasta llegar al destino. Como es evidente tres de cada 10 conductores han sentido cansancio extremo en el viaje y un 80% ha sentido somnolencia.

Además de descansar, para atrasar la aparición de la fatiga y reducirla es también muy importante mantenerse hidratado. Según infroman en RACE, hay estudios que prueban que la deshidratación al volante puede tener los mismos efectos que haber bebido algo de alcohol, pero (y aquí está el problema) una gran parte de los conductores nunca piensa en la falta de hidratación como causante de la fatiga. Para averiguar el papel que juega este factor, el club sometió a 14 conductores a una serie de pruebas.

Los resultados son muy claros: cuando los conductores conducían deshidratados, la aparición de la fatiga se adelantaba un 50%. En un 66% de los casos, esa deshidratación provocó también una conducción más brusca y agresiva. Se reduce también la concentración en un 27% y un tercio de los conductores deshidratados cometieron más errores.

Todo esto es preocupante, pero tiene a la vez una cara positiva: es fácil de solucionar. Mantenerse hidratado es tan sencillo como llevar una botella de agua siempre en el coche (y beber) o, para estar algo más alerta, un refresco, que también aumentará los niveles de glucosa y ayudará a que estemos más concentrados.

La receta está clara: cada dos horas como máximo, para a descansar e hidrátate. Es el reloj el que marca el descanso, no tu percepción de cansancio: cumple la receta aunque te creas que no estás fatigado.

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