“Con la suficiente voluntad política y la financiación podemos conseguir que las sillas de ruedas queden obsoletas“. El que habla con rotundidad para el ‘Washingron Post’ es Miguel Nicolelis, el neurocirujano brasileño que lidera a 170 investigadores en el proyecto ‘Walk Again’ en la Universidad de Duke y ha hecho posible lo que hasta ahora era pura quimera: que un joven brasileño con el cuerpo paralizado de cintura para abajo vaya a ser el encargado de hacer el saque inicial de la Copa del Mundo de Fútbol de 2014.

Lo conseguirá mediante un exoesquelo motorizado conectado al cerebro por medio de un sistema de electrodos ultrasensible. El ingenio descifra las señales que emite el humano y lo convierte en movimiento. Dicho de otro modo, transformará sensaciones en pasos. Tras ser seleccionado entre un selecto grupo de diez candidatos y entrenarse durante meses en un simulador de realidad virtual, el sacador estará listo para asombrar al mundo. “Esta investigación es única en el mundo, va a restaurar el movimiento de personas que han sufrido lesiones cerebrales o enfermedades neuromotoras”, explicó Nicolelis.

El aparato se alimenta con una batería que deberá transportar el usuario en una mochila y se estabiliza por medio de un avanzado sistema de giroscopios. El sistema de sensores, que ya ha sido probado con éxito en animales, transmite una sensación de presión cada vez que uno de los pies toca el suelo. Conectado directamente al cerebro, el sistema sería capaz de dar autonomía a muchos afectados por infartos, accidentes de tráfico y demás pacientes con lesiones cerebrales que han quedado incapacitados para caminar.

Nicolelis es una eminencia en el campo de la neurorobótica. En 1990 ayudó a controlar la primera prótesis que podía ser controlada con el cerebro y desde entonces sus avances con animales han sido notables. Su principal descubrimiento ha sido constatar que un pequeño grupo de neuronas es capaz de comunicarse con los algoritmos que hacen funcionar a los aparatos electrónicos. Evidentemente, cuantas más neuronas estén en juego más información podrán comunicar y el resultado será mejor. En ello está su equipo, trabajando en la creación de un electrodo con estructura de árbol que sea capaz de captar los impulsos de 2.000 neuronas cerebrales.

En el laboratorio de Nicolelis no es extraño ver a monos experimentar lo que se siente al manipular objetos virtuales cuando se les estimulan determinadas partes del cerebro. Dentro de unos meses, con el mundo observándole, el exoesqueleto del neurocirujano brasileño probará que un parapléjico puede volver a sentir el golpeo de un balón y entregará un halo de esperanza a miles de personas en todo el mundo.

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