En Skift.com, una de esas web de viajes tan buenas que consiguen desesperar al viajero ávido a base de tentarlo con una sartenada de viajes imposibles a cual más apetecible, he descubierto el hotel perfecto para los que sentimos una extraña fascinación por los fondos submarinos. Ese poder magnético de lo abisal que nos influye desde que nos plantamos embobados frente el ‘Abyss’ de James Cameron con nueve años, desde que aprendimos a temer el agua en Viernes 13, quedará satisfecho si nos hospedamos en The Manta Resort, el primer hotel del África con una habitación submarina.

El complejo se levanta (o se sumerge) en la isla zanzibariana de Pemba, en pleno Oceáno Índico, un lugar privilegiado para la práctica del buceo por su abundante vida marina y excepcionales colonias de coral. La buena noticia para los fanáticos de este deporte es que podrán experimentar la sensación de sumergirse a cuatro metros bajo el nivel del mar sin salir de su propio cuarto.

La habitación, que está separada del resort principal y solo se puede acceder a ella en bote (tranquilidad asegurada), nace y se materializa gracias a la mente de Mikael Genberg, un artista sueco famoso por sus construcciones en entornos naturales. Anteriormente había puesto en marcha un hotel submarino en el lago de Västerås, a cien kilómetros de Estocolmo o un establecimiento encaramando en un árbol a trece metros de altura en la misma localidad. Desde 2006 intenta importar su idea a distintos rincones del mundo.

La habitación cuenta con un área de descanso y baños en un piso elevado al nivel del mar al que se accede desde la zona submarina a través de una escalera de madera. Abajo nos espera una cama doble rodeada de paneles de vidrio que permiten contemplar el fondo marino en 360 grados. Con una estructura de coral maravillosa rodeando la habitación no resultará complicado que algunos de sus habitantes, pequeños peces e incluso pulpos, se acerquen a saludarnos amistosamente.

En Pemba su idea se ha beneficiado de la absoluta tranquilidad que reina en la isla debido a su limitada accesibilidad. El paisaje está bastante menos poblado que el de Unguja, la isla principal de Zanzibar, y la única sorpresa que nos podremos llevar en este paraíso remoto será comprobar que el agua será más cristalina que en ninguna otra parte del mundo o que algún pez nos despierte en plena mañana, chocando contra nuestro cristal, mientras acabamos de desperezarnos. Sin duda, una experiencia única.

 

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