Del mismo modo que hoy en día son obligatorias las luces de freno o los cinturones de seguridad, en un futuro no muy lejano los vehículos que circulan por nuestras carreteras tendrán que llevar obligatoriamente un sistema de comunicaciones vehículo-a-vehículo (V2V). Al menos esa es la intención del Departamento de Transporte de los Estados Unidos, que ha decidido dar nuevos pasos para fomentar esta tecnología preparando el camino técnico y el legal para incorporarla en toda la normativa necesaria.

La idea básica es mejorar la seguridad de los vehículos haciendo que unos hablen con los otros, intercambiando información en tiempo real, unas diez veces por segundo: datos sobre su posición, velocidad y situaciones de emergencia, básicamente. Esta simple información evitaría muchas de las colisiones en intersecciones, cambios de carril o frenados. En las pruebas realizadas, tanto en circuitos de prueba como en condiciones reales, los vehículos que incorporan estas tecnologías se comportan con mayor seguridad que los convencionales. Se ha calculado que se podrían evitar 3 de cada 4 colisiones gracias a esta tecnología.

Pero para que el V2V funcione realmente es necesario que existan estándares que garanticen que las comunicaciones entre vehículos sean de la marca que sean, algo así como los protocolos de Internet actuales, por los que cualquier dispositivo puede conectarse y entenderse con otro. A día de hoy hay tres especificaciones al respecto: una para la parte física y de comunicaciones llamada IEEE 802.11p, otra denominada IEEE 1609 respecto a la seguridad de los datos y otra más general llamada WAVE (Acceso Inalámbrico en Entornos de Vehículos). Los fabricantes solo tienen que seguir estos estándares de la industria para hacer compatibles sus sistemas.

Pero la situación no está exenta de problemas: hay quien piensa que estos dispositivos de comunicaciones V2V pueden tener un lado oscuro poco agradable. Por un lado identifican al vehículo y a algunas de sus acciones de forma inequívoca, algo que podría entrar en conflicto con las normas de privacidad (por ejemplo, respecto a dónde ha estado antes, qué ruta ha seguido o si ha cometido algún tipo de infracción de tráfico). Por otro, es probable que esta misma tecnología pudiera utilizarse incluso para realizar acciones de control tales como bloquear o detener un vehículo en un momento dado si hubiera una situación que lo justificara. ¿Y si alguien crackea el sistema y se dedica a parar coches en mitad de la calle?, dicen sus detractores.

La cuestión estará por tanto en ver cómo la incorporación de esta nueva tecnología encuentra el hueco legal para ser viable, al tiempo que en la práctica se implanta poco a poco en el parque móvil, evitando, como se espera un alto porcentaje de accidentes, grandes y pequeños. Desde luego, muy negativos habrían de ser sus «efectos secundarios» como para que algo capaz de evitar 3 de cada 4 colisiones no terminara por implantarse.

{Foto: Departamento de Transporte de EEUU}

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