Diseñar una red de semáforos no es tarea sencilla y en ello entran en juego muchos factores, siendo los más lógicos y evidentes el flujo de tráfico en cada punto y los flujos correspondientes del resto de vías que se cruzan en el lugar. En ocasiones, si el tráfico es diferente al esperado, podemos comprobar cómo algún semáforo se demora más tiempo del deseable en lugar de “abrir” y aprovechar ese impasse de coches y motos y demás vehículos urbanos.

Los semáforos tradicionales tienen su programación fija, al menos durante el día (por las noches en algunos lugares se coloca el semáforo en ámbar intermitente), y al menos durante un tiempo, el necesario para corregir las frecuencias y optimizar el flujo de tráfico en todas las vías que confluyen en la intersección. Pero gracias a los nuevos semáforos inteligentes, esa reprogramación podría ser “al vuelo” para mejorar el tráfico en cuestión de minutos.

Verde o rojo según haya mucho o poco tráfico

En el Reino Unido han puesto en funcionamiento dos semáforos inteligentes que regulan el tráfico en función del volumen de peatones que quieren cruzar una vía (en concreto dos puntos de Londres, conflictivos ambos). Esto tiene la ventaja, para el peatón, de poder cruzar más rápidamente, minimizando la espera, cuando existe mucha concentración de personas (hora punta), y para los conductores significa que el tráfico será más ágil en otras franjas horarias.

Sin embargo, el uso de semáforos inteligentes es pionero en Canadá, donde un grupo de ingerieros sacaron adelante un proyecto en el que se utilizaban semáforos controlados por inteligencia artificial, y utilizando teoría de juegos, para conseguir reducir (en simulaciones sobre varios puntos de la ciudad) en un 40% los tiempos de espera medios en los semáforos y en un 25% el tiempo total de “commuting”, o sea, de ir de casa al trabajo y viceversa.

Esto puede parecer relativamente poco tiempo, que no lo es; pero la importancia principal radica en el hecho de que acortando el tiempo de traslados entre casa y trabajo se consiguen efectos colaterales positivos: menor impacto económico (negativo) del tráfico, mejoras medioambientales y más seguridad en las calles. Y también mejoras en la salud global de la población, por un lado por una menor contaminación (se notaría poco, pero algo sí), y por otro por la reducción del estrés en los desplazamientos, ahora más cortos en tiempo.

Los sistemas probados en Canadá son el futuro, y todo gracias a Samah El-Tantawy, que se inspiró en el tráfico de El Cairo, su ciudad natal, y sus equivalentes en Toronto. El sistema utiliza cámaras y ordenadores y “razona” mediante inteligencia artificial, lo que lo hace reaccionar rápidamente a los estímulos externos y evolucionar. Esas cámaras y procesadores analizan cada intersección individual para leer en tiempo real los datos de tráfico en todas las direcciones y ajustar la duración de la luz verde en cada caso.

Vía | El Economista
Vídeo | Geekquinox

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