Si haces surf seguro que ya has visitado muchas veces la costa portuguesa y has probado las enormes olas atlánticas que hacen las delicias de todo aficionado al deporte. Sabes de qué hablamos al referirnos a la ruta de los surfistas y la tienes como un imprescindible en tu vida, algo que hay que hacer por lo menos una vez cada cinco años.

Pero si eres de los que no se ha subido a una tabla de surf en su vida (y que no piensan hacerlo) y creen que la ruta de los surfistas no tiene interés para ellos te equivocas: la costa portuguesa es un destino vacacional perfecto para el verano y recorrerla en coche te hará disfrutar mucho más del viaje. Uno de los mejores road trips del mundo, de Oporto al Algarve (o al revés, como mejor te quede) hay mucho más que playas y olas.

Empezar en Oporto significa empezar con una parada de por lo menos dos días: la segunda mayor ciudad de Portugal es una belleza de casitas que se amontonan a la orilla del río y que mezcla tradición y modernidad con un gusto que no estamos acostumbrados a ver. Puedes irte de fados o descubrir una vida cultural y nocturna que no tiene nada que envidiarle a ciudades como Berlín. Cruzar el río a Vilanova de Gaia es imprescindible.

Una vez visto Oporto nos encaminamos hacia el sur por la carretera de la costa, parando en cualquier lugar que te parezca atractivo desde el coche (serán muchos) e intentando no perderte pequeñas maravillas como Coregaça (un pueblecito en el que verás a marineros y surfistas pasear sus calles) o Leça.

La siguiente región hacia el sur (son un total de siete regiones surfistas, empezando por la de Porto) es Leiria, donde no deberías perderte el agua cristalina de las playas de Nazaré, ni no seguir a los peregrinos hasta la iglesia de Nossa Senora da Nazaré. Siguiendo hacia el sur llegarás a Figueira de Foz, donde está una de las mejores playas de Portugal, la Praia da Gala. Lugar perfecto para comprar un suvenir de vidrio.

En la región de Peniche se encuentra la Costa de la Plata, llena de arenales kilométricos de aguas cristalinas que harán feliz a cualquier amante de la playa. El pueblo de Peniche fue una isla hasta el siglo XII y su centro medieval y muralla bien merecen una paradita y un paseo. Si lo que te va es salir a bailar toda la noche, las raves de este pueblo no te decepcionarán.

Continuamos hacia el sur y llegamos a un nuevo pueblo de ensueño que da nombre a la siguiente región, Ericeira: una localidad de pescadores llena de acantilados, casitas azules y blancas, calles de piedra, olor a mar… La playa te atraerá si llevas tu tabla de surf, pero si no es así te perderás por sus calles y sus terracitas y no querrás irte nunca.

Siguiendo hacia el sur y antes de llegar a Lisboa nos encontramos con Sintra, en cuyas pequeñas playas es posible huir de las multitudes y perderse en parajes naturales de extraordinaria belleza. Imprescindible hacerle una visita a su castillo, construido sobre un macizo rocoso y con una muralla desde la que hay unas vistas impresionantes sobre el Atlántico.

Lisboa

La siguiente parada obligada es Lisboa, la capital de Portugal, una sorprendente ciudad en la que es necesario quedarse como mínimo dos días. Lo más recomendable es callejear y perderse por sus empedrados, sin olvidarse de visitar su Catedral, la torre de Belém o aprovechar para cruzar con el coche el puente Vasco da Gama, el más largo de Europa.

Tras haber descansado de coche unos días en Lisboa, toca emprender la etapa final del viaje llegando hasta las playas del Algarve. ¿Turísticas? Sí. ¿Bonitas? También. Los amantes de la vida y juerga nocturna encontrarán su paraíso en Lagos, mientras que los que prefieran la tranquilidad pueden quedarse en Sagres. No te pierdas Silves, capital durante la ocupación árabe, o Tavira. Y, sobre todo, tírate en la playa.

¿Has visitado alguna de estas zonas de Portugal? ¿Te parece una buena opción para ir de vacaciones?

Fotos | Francisco Antunes, Lee Cannon

 

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