Si cuando piensas en Francia aparecen ante tus ojos palacios con grandes jardines, valles llenos de viñedos e historias de reyes y príncipes que vivían una vida palaciega algo al margen del pueblo, lo que estás viendo es el valle del río Loira. Famoso por sus castillos (¡hay unos 200!), construidos en su mayoría entre los siglos XV y XVI, es un lugar perfecto para recorrer en coche con calma, disfrutando de la naturaleza, la gastronomía y todo lo que este valle, Patrimonio mundial de la UNESCO, tiene que ofrecer.

Pero ¿por dónde empezar? ¿qué ruta seguir y en que castillos pararse? La web oficial de los castillos, de los cuales 21 son visitables, ofrece algunas ideas de itinerario. Nos quedamos con esta: tres días entre Patrimonio y arte e vivir.

La ruta comienza en Angers, pequeña ciudad situada a orillas del río Maine que cuenta con uno de los castillos más espectaculares de la zona: se trata del Castillo del Rey Renato el Bueno: construido en el siglo XIII sobre un promontorio de pizarra. La fortaleza de la ciudad, con 17 torres, tiene una circunferencia de casi un kilómetro. Dentro del castillo podrás ver el Tapiz del Apocalipsis, de 130 metros de largo y 4,50 de ancho, tejido en el siglo XIV: ¡el mayor tapiz del mundo!. Visita también la catedral y el museo de bellas artes.

Recorre la ciudad por la mañana y escápate a comer a Bouchemaine, desde donde tendrás unas vistas increíbles sobre el río Loira.

Foto: @lain G

Foto: @lain G

El siguiente castillo es el de Brissac, situado a unos 20 kilómetros, en Brissac-Quincé. Con siete plantas, es el castillo más alto de Francia, y visitarlo te hará sentir que has viajado en el tiempo hasta la Belle Époque. Acaba el día explorando las bodegas subterráneas de Bouvet-Ladubay: ¡8 kilómetros bajo tierra que puedes recorrer en bici! Para pasar la noche, Saumur es una buena idea.

Inicia el segundo día visitando la Abadía de Fontevraud, del siglo VII, uno de los mayores recintos monásticos de Europa. Entre 1804 y 1985 funcionó como prisión y, en la actualidad, es Centro Cultural y de Encuentro. Asegúrate de llevar mucha batería en la cámara.

Puedes comer ya en Chinon, cuya fortaleza real visitarás por la tarde: no te cansarás de asomarte a sus miradores, desde los que admirar el río. El castillo ha sido restaurado por dentro manteniendo el estilo de su época dorada, el siglo XV.

Continúa hasta Loches para admirar su Ciudadela Real, quedarte boquiabierto ante su torreón de 36 metros y callejear por la pequeña localidad, llena de encanto. Cuando visites las dependencias reales, recuerda que allí mismo estuvo Juana de Arco. Pasa aquí la noche.

El último día empieza en La Vernelle, donde los amantes del queso vivirán uno de sus momentos más felices: podrán visitar la Quesería Jacquin, que cada año elabora 1.000 toneladas de quesos de oveja del Berry. Con el queso hay que tomar vino, lo que puedes hacer visitando alguna bodega en Lye.

Para comer, si todavía tienes hambre, dirígete hasta Valençay, donde verás un nuevo castillo: jardines franceses y parque inglés, arquitectura renacentista y clásica, y un interior que no decepciona. Querrás vivir ahí para siempre.

El último castillo de la ruta es el de Chenonceau, una de las postales más famosos del valle: blanco y lujoso, cruza el río con una galería de arcos bajo los que puedes navegar. Te costará creer que no estás en una película de Disney.

 

 

 

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