Portugal está tan cerca que muchas veces nos olvidamos de que es un lugar lleno de rincones maravillosos dignos de ser visitados y que ni imaginamos que están ahí. Un ejemplo claro es el maravilloso Valle del Duero (Douro en portugués): la parte en la que el río cruza el país vecino antes de desembocar en el Atlántico, en Oporto, es fantástico paisaje de colinas y viñedos y pequeños pueblos encantadores que se recorre muy bien en coche.

Y es que a las orillas del Duero en el lado portugués también crecen viñedos que dan algunos de los mejores vinos de la península. Además del afamado vino de Porto, por el camino podrás catar distintas variedades y tipos de caldo, tanto tintos, como blancos y rosados, además de visitar muchas bodegas.

Oporto. Foto: Evan Bench

Oporto. Foto: Evan Bench

 

Empezamos el viaje en la costa, visitando Oporto. A la ciudad portuguesa habría que dedicarle por lo menos un par de días para descubrirla con calma: pasear por la Ribeira, trepar las cuestas hasta la zona alta de la ciudad, donde están la Sé (catedral), la hermosísima Estación de Sao Bento y la Torre dos Clérigos, y cruzar el puente hasta Vila Nova de Gaia, donde es imprescindible visitar alguna de las bodegas.

Foto: Pedro

Penafiel. Foto: Pedro

Una vez que tengamos Oporto bien recorrido, toca montarnos en nuestro Citroën y emprender rumbo al desconocido interior del norte de Portugal. Podemos coger la A4 o, si preferimos ir por carretera (siempre más bonito, aunque no siempre más cómodo), la N15. Nuestra siguiente parada será Penafiel, una ciudad que lleva siglos observando los ríos Tâmega y Sousa, afluentes del Duero. Visita su Menhir de Luzim y las necrópolis y no olvides comer bien: ¡son famosos por su gastronomía, con platos iguales a como se preparaban en la Edad Media!

Amarante. Foto: José Moutinho

Amarante. Foto: José Moutinho

La siguiente parada es Amarante, un pueblo en el que llama la atención el puente de Sao Gonçalo, símbolo del esfuerzo de la defensa de la localidad contra los franceses. El original se construyó en el siglo XIII, pero se hundió en 1763. En 1790 se construyó el que vemos hoy. Amarante es también famoso por sus dulces, así que no olvides parar en alguna de las múltiples pastelerías que encontrarás en el camino.

Vila Real. Foto: Esther Westerveld

Vila Real. Foto: Esther Westerveld

Cogemos de nuevo la carretera y nos dirigimos a Vila Real, donde recomendamos que te pierdas por su casco histórico, plagado de bonitas iglesias. Busca el Palacio de los marqueses de Vila Real (Casa do Arco), la Catedral, el edificio del ayuntamiento y asomarse al Mirador de Trás-do-Cemitério para ver las vistas sobre los ríos Corgo y Cabril.

Hasta ahora estuvimos dirigiéndonos hacia el este, pero toca cambiar de rumbo e ir hacia el sur, donde nos encontraremos con Peso da Régua, una ciudad que ha hecho del vino el centro alrededor del que gira todo. Explora sus alrededores de colinas a la orilla del río, contempla las laderas llenas de viñedos y, por supuesto, déjate caer por alguna de las múltiples catas que encontrarás en la ciudad. Si tienes tiempo, vale la pena también visitar el Museo do Douro para conocer un poco más sobre la región.

Lamego. Foto: Arian Zwegers

Lamego. Foto: Arian Zwegers

Por último, acabamos el viaje en Lamego, un pequeño secreto que te preguntarás cómo no habías visitado hasta ahora. La ciudad es muy antigua, tuvo ocupación romana y está llena de edificios históricos, monumentos, casas señoriales e iglesias. Lo más famoso es el Santuário de Nossa Sra dos Remedios y su escalinata, del siglo XVIII, en el monte de Santo Estevao. Pasea también por el centro y no olvides comer y beber bien, algo por lo que son conocidos y la razón principal de este viaje.

Foto destacada: mat’s eye

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