“Nunca sabes con quién te puedes encontrar”, es la conclusión final de este anuncio en el que el ex boxeador Evander Holyfield —con cuatro títulos mundiales en la categoría de peso pesado en 1988— explica sin decir palabra «por qué es mala idea ponerse agresivo con otros conductores».

La agresividad al volante es la causa de uno de cada tres accidentes en ciudad, según este artículo, lo que significa que una mala reacción al volante, debido por ejemplo a una maniobra o gesto de otro conductor, realmente supone un riesgo para nuestra seguridad y para la seguridad de otras personas, incluyendo aquellas que viajan con nosotros.

La AAA Foundation for Traffic Safety establece tres principios básicos para evitar ponerse agresivo al volante:

  1. No provocar tratando de respetar en todo momento las normas de conducción —y las de cortesía y educación— incluyendo no cortar el paso a otros conductores, no circular por el carril izquierdo si no se va a adelantar y mantener la distancia de seguridad para evitar irritar a otros conductores. Evitar cualquier tipo de gesto ofensivo o gesto que otro conductor pueda interpretar como agresivo.
  2. No responder a las provocaciones de otros evitando el contacto visual (“mirar fijamente a otro conductor puede convertir un encuentro impersonal entre dos vehículos en un duelo personal”) o respondiendo con gestos, comportamiento o maniobras igualmente agresivas. Lo más recomendable es mantenerse lo más lejos posible de un conductor agresivo y dejar que se vaya, incluso si para ello hay que facilitarle el paso o detenerse. Si hace falta y es posible, cambiar de ruta.
  3. Si es necesario, cambiar la actitud de uno mismo respecto a cómo reaccionamos normalmente antes las ofensas de otros conductores, sea éstas voluntarias o no; un error lo podemos cometer todos. Rara vez esas ofensas recibidas son a propósito y menos aún son algo personal, por lo que no tiene sentido interpretarlas como tales.

Muy habitualmente la agresividad al volante provoca que se cometan infracciones —como hacer maniobras bruscas sin indicar, apurar un semáforo o acelerar el vehículo por encima del límite de velocidad— y otros comportamientos de las cuales lo más probable es que luego muy probablemente. Incluso aunque sólo sea por haber dejado de disfrutar de la conducción durante un rato.

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