Algunas veces surgen en el mundo del motor inventos ingeniosos y prácticos, o se dan situaciones interesantes que nos hacen preguntarnos ¿por qué no son todos los coches así? ¿Por qué no se hace hoy en día de esa manera? Dos ejemplos pueden servir para hacerse una idea.

El primer invento es antiguo y consiste en una «rueda robotizada» para aparcar más fácilmente en paralelo. Como muestra el antiguo vídeo, es bastante autoexplicativo. Aunque se utilizó en algún modelo de Cadillac de 1951 (no está claro si solo en prototipos o también a nivel comercial) disponer de esa «quinta rueda robótica» para aparcar en sitios difíciles parece una buena idea. ¿Por qué no son todos los coches así?

El mecanismo es tan ingenioso que la quinta rueda en cuestión es la rueda de repuesto, que en caso de necesidad se puede desmontar para cambiar por otra. Todo al alcance de un botón. Ciertamente no es como los coches que hoy en día, que «aparcan solos» con cámaras y sensores de distancia, pero aunque tosco parece práctico.

Pero la realidad es que probablemente añadir un mecanismo para esta función añade peso y coste al coche y lo somete a traqueteos raros e innecesarios. Además, aparcar normalmente con el volante es casi igual de simple, y cualquiera puede hacerlo. También es curioso que en aquella época encontrar sitio para aparcar en la calle seguramente ni siquiera era un problema.

El otro ejemplo tiene que ver con los supercoches de alta gama: Si existen coches rapidísimos, con una potencia asombrosa y unas prestaciones que eclipsan a muchos otros… ¿Por qué la policía no utiliza «supercoches» para llegar antes a los sitios y luchar más eficientemente contra el crimen?

El primer problema es, obviamente, el precio: uno de estos supercoches completamente equipado puede costar tanto como cinco o diez coches patrulla tradicionales. Por no hablar del mantenimiento, o los seguros. En en mundo en el que los presupuestos van tan ajustados que muchos grupos policiales apenas pueden circular porque no pueden pagar la gasolina, un supercoche se antoja casi como un pequeño capricho.

No obstante, hay situaciones en las que estos coches pueden resultar tremendamente prácticos, igual que contar con una lancha más rápida para capturar las de las mafias y piratas en alta mar. Entre ellas podríamos pensar en el transporte de emergencia de órganos, en situaciones de extrema urgencia que requieran transporte a toda velocidad y similares. Pero, aparte de estas situaciones, el coste simplemente no compensa.

Eso sí: es poco conocido, pero en algunos países los supercoches de los que se incauta la policía cuando algún maloso comete un crimen pueden pasar a ampliar la flota de los cuerpos y fuerzas de seguridad, y se sabe de supercoches en las autopistas de Alemania, Italia o Estados Unidos – para sorpresa de quienes se saltan los límites de velocidad. Digamos que es una poética forma de conseguir que los «artilugios» utilizadas para el mal se vuelvan contra quienes las usaron.

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