A partir de este mes de junio ciertas calles del centro de Madrid estrenan parquímetros acordes a la nueva ordenanza del servicio de estacionamiento regulado que, entre otras cosas, penaliza en ciertas zonas del centro a los coches más contaminantes: los coches que emitan más gases y partículas por el tubo de escape pagarán más que los coches que sean más limpios.

De modo que en esas zonas de bajas emisiones de la ciudad un coche con un motor diésel grande puede pagar un 20% más que un utilitario o que un coche similar con motor de gasolina. En similar proporción pagará menor un vehículo híbrido y en el extremo opuesto, en esas zonas los coches totalmente eléctricos aparcarán gratuitamente.

De este modo al escribir la matrícula para obtener el tique el parquímetro «inteligente» consultará a qué vehículo pertenece esa matrícula y cuál es su catalogación en la escala de vehículos contaminantes. Algo parecido, la motorización, se tiene en consideración a la hora de calcular el impuesto anual de vehículos. En el momento de calcular la tarifa de aparcamiento resultante el parquímetro también tendrá en cuenta la zona en la que está situado, la ocupación de plazas que existe en ese momento y la hora.

Indirectamente, el aparcamiento inteligente también penalizará a los coches antiguos respecto a los más nuevos. Esto principalmente por dos motivos que afectan directamente al consumo y emisiones de un coche: las mejoras en el funcionamiento de los motores, el aumento de su eficiencia, y el filtrado y destrucción de las partículas que emiten y los avances en la construcción de vehículos equivalentes pero más ligeros. El peso de un vehículo influye directa y decisivamente sobre el consumo; además podrá moverse con un motor más pequeño y menos contaminante.

El C4 Cactus es 200 kilos más ligero que el modelo del que deriva gracias al uso de motores de última generación, al uso de materiales de altas prestaciones y a técnicas innovadoras de fabricación aplicadas para reducir el peso y minimizar las emisiones contaminantes

Por estos motivos un coche pequeño con motor de gasolina de hace unos años puede contaminar tanto o más como un coche más grande con motor diésel pero que sea más moderno. El sistema penaliza sobre todo a los motores diésel. En España los coches diésel son más comunes, y aunque este tipo de motor consume menos combustible también emite más partículas.

Esto se debe a que el valor de emisión que se tiene en cuenta en el cálculo se refiere a las emisiones de óxidos de nitrógeno expulsados por el tubo de escape (NOx) que además de ser nocivos para la salud, en grandes concentraciones, son uno de los elementos causantes de la característica niebla gris —que en Madrid recibe el nombre de “boina”— habitual en zonas con concentraciones altas de vehículos de motor.

Foto: (cc) Félix Ortega

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