Todos nos hemos encontrado parados alguna vez ante un semáforo en rojo y pensando en que, si fuese algo inteligente, se habría puesto verde hace rato. Si no se aproxima ningún coche, no hay peatones cruzando (ni cerca), si lo único que estamos haciendo es evitar que el tráfico se mueva de forma fluida, ¿de verdad es necesario estar parados?

Tenemos claro que lo que dicen los semáforos es algo que debemos cumplir y a nadie se le ocurre saltarse el semáforo en rojo al ver que no hay coches, pero todos nos preguntamos si no hay otra forma de hacer que esto funcione mejor, especialmente ahora que todo es tan inteligente. Buenas noticias: hay ya investigaciones y proyectos que buscan precisamente eso.

Uno de los primeros sistemas de semáforos inteligentes está en Pittsburgh (Estados Unidos), ciudad que lo está haciendo todo por estar en el centro de toda conversación sobre smart cities –es, por ejemplo, el lugar en el que ya circulan los coches autónomos de Uber–. Todo tiene mucho que ver con la presencia en la ciudad de la Carnegie Mellon University, responsables también en este caso de este sistema inteligente de regulación del tráfico.

Creado por Surtrac, una startup salida del Instituto de Robótica de la universidad, el sistema de semáforos usa una tecnología que combina inteligencia artificial y teoría del tráfico. Está diseñado específicamente para optimizar los flujos de tráfico en redes viales urbanas, donde los distintos flujos cambian de forma importante a lo largo del día.

Es, además, un sistema descentralizado, lo que significa que cada intersección decide su tiempo en verde de forma independiente, basándose en los flujos reales de tráfico de entrada. Los de salida se comunican a otras intersecciones cercanas para para que estas puedan calcular a su vez sus luces. Gracias a esto, el sistema funciona con la información que recibe en tiempo real. El sistema es escalable a redes de cualquier tamaño.

El sistema lleva en funcionamiento desde 2012 y los resultados parecen positivos: se estima que han logrado reducir una quinta parte de las emisiones, el tiempo de espera detenidos se ha reducido en más de un 40% y el de conducción en un 25%.

Empezaron instalando el sistema en nueve intersecciones, ahora están ya en 50 y el plan es extenderse por toda la ciudad.

Es fácil también ver un futuro en el que los propios coches se comuniquen con el sistema de semáforos (ahora la información de flujos de tráfico la consiguen con sensores, cámaras y radares) y viceversa. De momento, todavía parece que habrá que esperar; pero no mucho. La tecnología ya existe y es solo cuestión de implementación.

Foto: Tony Webster

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