En tiempos de crisis, la segunda mano es un recurso muy útil para mucha gente. Me atrevo a decir que, precisamente gracias a la crisis, estamos aprendiendo a consumir productos de segunda mano cuando esto es lógico, es decir, que estamos aprendiendo a consumir con más sentido común. Pero esto tiene un contraejemplo, una excepción al menos, y es la compra de un neumático de segunda mano. De entre todos los productos que se me ocurren, un neumático de segunda mano es peligroso (es como comprar un casco integral de segunda mano, una locura, ¿verdad?).

El caso es que las ventas de este tipo de neumático crecen y crecen desde que empezó la crisis. Su precio más bajo anima a muchos consumidores a lanzarse a “probar”, pero desde cualquier punto de vista es un sinsentido. La seguridad se verá gravemente comprometida en algunos casos, pero sobre todo, ¿no es inmediato pensar que esos neumáticos durarán menos? ¿Si están casi nuevos, por qué su anterior propietario se deshizo de ellos? ¿Quizás son neumáticos que vienen de un siniestro total? Sea como sea, no deberían ser una opción.

Para empezar, no existe normativa que defina un procedimiento para evaluar los neumáticos de segunda mano y ofrecer garantía a los compradores. Esto significa que tendremos en nuestras manos un neumático del que nadie nos puede asegurar que esté libre de defectos, que pueden ser entre otros: un desgaste anómalo incipiente, deformaciones no visibles, envejecimiento prematuro del compuesto, o la más directa de observar, una profundidad de la banda de rodadura que esté cercana al mínimo legal.

 

El peligro está ahí, no solo para el conductor que monta neumáticos de segunda mano, sino para los que le rodean en la carretera. Un neumático que no está garantizado, y que por supuesto no es nuevo, puede ofrecer menos agarre en curva, menos estabilidad en frenada, puede alargar la distancia de frenado (sobre todo en firmes resbaladizos), y puede perjudicar la tracción del coche. Y si además, lleva un mal mantenimiento, apaga y vámonos. Y no son pocos los que circulan por nuestras carreteras: más de 1.000.000 de neumáticos de segunda mano ruedan libremente.

La recomendación es clara: comprar neumáticos nuevos y de buena calidad. Es una inversión en seguridad, confort, en un menor consumo y menos ruido de rodadura, en durabilidad… Pensemos que en este caso lo barato no solo sale caro, es que puede salir carísimo. Efectivamente, alguno pensará que el gasto es alto si tienes que comprar cuatro neumáticos nuevos, pero en mi más sincera opinión, cuando uno adquiere un coche lo hace sabiendo qué gastos inamovibles va a tener que asumir, y con la seguridad propia y ajena no se juega.

Comentarios

Adrián -

También habría que buscar responsabilidades a las empresas que hacen “ofertas” de neumáticos, que no es mas que una forma de quitarse neumáticos que están cercanos a la caducidad de los mismos, normalmente 5 años tras su fabricación, y que posiblemente cuando nos los venden nos quedarían meses de vida para tenerlos que volver a cambiar. Sin embargo, nadie los para, y a pesar de estar de “oferta” pagamos una buena cantidad por ellos y según las directrices estamos poniéndonos en peligro a nosotros y a los de alrededor.

Chinos -

La crisis no sólo hace que recurran a los neumáticos de segunda mano, sino también a los neumáticos chinos, ya que son muy baratos. No obstante, los tests comparativos demuestran que estos neumáticos presentan unas prestaciones malas (o muy malas) en suelo mojado.
Un saludo

Virtual llantas -

Creo que es importante que las personas tomen conciencia del peligro que corren cuando compran este tipo de neumáticos. Al tratarse de la seguridad de la familia o la de los que usas estos carros, no se puede pasar en alto hacer un correcto mantenimiento y cambio en los neumáticos periódicamente.

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