Las distracciones al volante son peligrosas. Todos lo sabemos y, sin embargo, todos caemos aguna vez en acciones que suponen riesgos innecesarios. Buscar una música determinada, contestar al móvil sin usar el manos libres (o usándolo, pero es también una distracción), conducir cuando no estamos al cien por cien…

Uno de los grandes problemas de las distracciones es que son algo muy complejo y que depende de muchos factores: de lo que hagamos en el momento, sí, pero también de nuestro estado de ánimo o salud, de cuánto tiempo llevamos en la carretera, del tiempo que nuestros ojos se apartan de la carretera y del momento en el que lo hacen. Crear vehículos lo suficientemente inteligentes como para saber cuándo es más peligrosa una distracción e intentar evitarlas sería muy importante.

Y ese es precisamente el objetivo del Age Lab del MIT: realizar una investigación profunda e integral sobre la distracción y sobre cómo los humanos nos comportamos dentro de los coches. De momento ya han publicado un estudio sobre la consciencia de la atención, es decir, sobre cómo nos damos cuenta (o no) de si estamos prestando atención o distraídos. Los resultados los han convertido en un algoritmo que esperan que algún día utilice la industria automovilística para crear herramientas de seguridad.

Para la investigación, en el MIT cogieron una base de datos de comportamiento de 2.600 conductores, recogida por el Gobierno en 2012 con cámaras y sensores, y aumentaron el tiempo estudiado de 6 segundos antes de la distracción a 20 segundos. Y, sí, incluso con tanto tiempo se ven factores que ya determina la distracción y el posible accidente. ¿El factor fundamental? La mirada.

Está lo evidente: cuanto más apartemos los ojos de la carretera, más nos distraemos. Lo bueno es que los conductores somos bastante buenos en discernir cuándo es seguro echar un ojo a la pantalla de la radio y cuándo no, por lo que esa sensación de control que tenemos es real. ¿Lo malo? En la actualidad, hay dispositivos que reclaman nuestra atención en un momento determinado sin que seamos nosotros los que decidamos si es el mejor momento: la alerta de un mensaje nos tienta emocionalmente a mirar la pantalla en ese momento.

La idea es que en el futuro los coches puedan controlar toda esa información y alertas que llegan al conductor y decidir cuál es el mejor momento. Si estamos en plena curva o conduciendo en condiciones muy malas, basta con retrasar la notificación unos segundos o minutos para disminuir el riesgo de accidente.

Los propios investigadores son conscientes de que todo esto puede tardar mucho en llegar a convertirse en realidad, pero los cimientos ya están puestos. Quizá en unos años los accidentes por distracción del conductor sean una rareza propia del pasado.

Foto: Shawn Allen

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