La conducción es algo delicado, y como tal hemos de practicarlo en paz, sin estrés en la medida de lo posible, pero sobre todo sin dejarnos llevar por la ira o el enfado. Conducir no es compatible con la ira porque es una tarea compleja, que necesita de nuestros sentidos en total alerta y que no puede verse ofuscado por un mal momento, o porque nos dejemos llevar por los malos modos.

Son muchas las preocupaciones diarias que tiene un conductor, ya sea en el ámbito laboral o en el ámbito personal. Horarios de trabajo intensivos, problemas con un cliente, plazos de entrega inminentes, o una discusión en casa pueden desestabilizar a cualquier persona, y ponerse al volante con los problemas revoloteando en nuestra conciencia es una mala idea, ya que nuestras reacciones ante algunos imprevistos pueden ser, a su vez, imprevisibles.

Además de este riesgo, el de conducir “bajo los efectos del estrés”, existe también un tipo de conductor que es agresivo por naturaleza, que son conductores que transmiten agresividad con cada una de sus acciones y maniobras:

Frenar repentinamente el vehículo para provocar que el de atrás frene bruscamente, gritar al conductor del vehículo que tarda en realizar un estacionamiento o maniobra por falta de espacio, incorporarse bruscamente en el carril provocando el frenado del vehículo que circula por la vía principal, aproximar el vehículo a la parte trasera del que nos precede, estacionar el vehículo de forma que impida a los ocupantes del vehículo de al lado abrir alguna de sus puertas.

 

Como podemos imaginar, este tipo de comportamiento agresivo no solo es perjudicial para el propio conductor, sino que puede “contagiar” a otros conductores, propagando esa agresividad a medida que el primer conductor se va encontrando con otros en la vía.

Esta agresividad al volante es también perjudicial para otro colectivo más vulnerable, como son los niños. Los propios, y los de los demás. Un niño que ve como algo normal (por lo habitual) que haya conductores riñendo, intercambiando insultos, comportándose de manera agresiva,… con el paso del tiempo, y cuando se convierta en conductor también reproducirá esos comportamientos. Es decir, con un comportamiento agresivo damos mal ejemplo a los pequeños.

Cómo conseguir eliminar el estrés al volante

  • Dormir bien es fundamental para mantener un estado de ánimo serenos y calmado. Por ello es fundamental que sepamos descansar, que lo hagamos el tiempo necesario y con una calidad suficiente para despertar al día siguiente con buenas sensaciones. Dormir un número de horas suficiente y levantarte con tiempo de sobra para salir de casa sin agobios, es básico.
  • No dejes que tus altas expectativas te acaben frustrando. Ponte metas asumibles y alcanzables.
  • Mantén un estilo de vida saludable haciendo deporte y comiendo sano, aparte del buen descanso.
  • Cultiva tu tiempo de ocio. Practica tus hobbies y disfruta del tiempo libre. Puedes aprovechar para realizar actividades que te relajen, como masajes, un baño al final del día (no todos los días, piensa en el medio ambiente).
  • Evita el consumo de alcohol y tabaco, y mide bien el consumo de excitantes, como el café o el té, y en cierta medida los refrescos azucarados.
  • Mantén la perspectiva de lo que es realmente importante en tu vida. ¿Tanto te afecta a nivel personal esa situación estresante al volante?

 

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