Vas tranquilo conduciendo por una calle de tu ciudad, una zona que conoces de sobra y que podrías recorrer con casi los ojos cerrados. Conocer un lugar hace que nos sintamos más seguros y bajemos la guardia. Y, si no hay tráfico, tendemos a pisar el acelerador más de lo que sería necesario, algo que muchas veces puede resultar peligroso. ¿Y si de pronto apareciera un obstáculo en la carretera?

La reacción normal ante la aparición de un obstáculo es frenar o reducir la velocidad, al igual que hacemos cuando vamos a pasar por un badén en un paso de cebra. Aprovechándose de este hecho y reflejo, en algunos paíeses están empezando a introducir una especie de obstáculos que en realidad son falsos: no se trata más que de unas pinturas con efecto 3D pintadas sobre el asfalto.

Uno de los países pioneros en la introducción de este tipo de símbolos en 3D es India, lugar en el que se producen el 10% de todas las muertes en carretera. Siempre intentando dar con fórmulas que hagan que los conductores conduzcan más despacio y presten más atención, llevan años experimentando con distintas formas de engañar al cerebro humano. Desde badenes (reales) que están en diagonal en vez de de forma perpendicular a la carretera antes de pasos a nivel -está comprobado que los conductores van todavía más despacio ante la confusión de ese badén torcido – hasta pegatinas 3D en la carretera que crean la ilusión de agujeros en el asfalto (aunque esto era una campaña de marketing de una empresa que vendía sistemas de suspensión). En los próximos meses introducirán badenes de velocidad falsos para crear también ese efecto.

El problema de este juego con ilusiones ópticas es que una vez que se conoce que en realidad es solo una pintura, los conductores tienden a recuperar la confianza y conducir sobre ellas sin cuidado.

¿Qué funciona mejor entonces? Apelar más al lado emocional. Puede hacerse con la misma técnica 3D u optar por otra forma de introducir estas señales. Un ejemplo de combinación de ilusión óptica y lado emocional se instaló hace unos años en Vancouver: la pintura representaba a una niña corriendo tras una pelota justo delante de un colegio. Las intenciones eran buenas, pero muchos críticos alertaron de que el resultado podría ser que muchos conductores se asustaran y diesen frenazos.

Otros ejemplos de ilusión que busca apelar a lo emocional se podía ver en algunas carreteras de Francia: siluetas en cartón con forma humana que representaban a personas que habían muerto en esa vía, una forma de recordar a los conductores que fuesen algo más despacio. En India se pusieron figuras de cartón en tamaño real representando a policías, algo que también se ha usado en China, Estados Unidos y algunos países europeos.

De momento se trata de seguir probando con formas de hacer que nuestro cerebro conduzca de forma más segura de forma automática: hay quien propone retirar la línea divisoria central entre carriles, ya que hace que los conductores sientan que su carril es suyo y vayan más rápido; y quien habla de unas pegatinas rojas sobre el volante donde se ponen las manos, de forma que solo se vean si tienes una mano fuera.

Las investigaciones continúan y prometen dar con más ideas ingeniosas. Porque muchas veces no se trata de idear una tecnología muy avanzada, sino simplemente de hacer que nuestro cerebro entre en modo prudencia.

Vía | BBC

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