La mayoría somos más o menos normales. Vamos a un hotel y no pedimos mucho más que limpieza, una cama cómoda, y toallas. Casi hasta nos sentimos un poco mal cuando nos enfadamos porque no hay secador de pelo (¿nos hemos aburguesado?) y nos sentimos algo extraños si tenemos que pedir algún extra al personal del hotel.

Pero no deberíamos preocuparnos: a los hoteles va gente de todo tipo con necesidades y peticiones de lo más extrañas. ¡La recepcionista no se sorprenderá porque quieras agua de una marca determinada! Ha visto de todo y mucho más original. Estas son las 10 peticiones más raras en hoteles:

1. Hielo para mis pingüinos. Saber que un huésped ha pedido 9 kilos de hielo es ya suficientemente extraño, pero la razón lo supera todo. Eran para la bañera en la que estarían… ¡sus pingüinos! En realidad todo tiene explicación: los animales formaban parte del Boston Globe Travel Show, y cuando no estaban en la exposición se quedaban en la bañera del hotel. Ocurrió en el hotel Seaport Boston.

2. Cien flamencos de plástico. Aquí el huésped no dio explicaciones y quizá sea mejor no saber nada. La petición era clara: querían cien flamencos de plástico distribuidos en su habitación, como parte de “una broma práctica”. La petición fue satisfecha y la habitación llena de flamencos. Fue en el hotel The Broadmoor, en el estado de Colorado (Estados Unidos).

3. Una habitación amarilla. Este huésped solo formalizó su reserva cuando se aseguró de que podría estar en “una habitación completamente amarilla”. Afortunadamente, ¡el hotel tenía una! Lo que no está tan claro es a cuántos hoteles tuvo que llamar antes de encontrar éste. En el Home Hotel de Buenos Aires, Argentina.

4. Esculturas de chocolate a tamaño real. Muchas de las peticiones extremas tienen que ver con bodas. En este caso, una pareja australiana que se hospedó en las torres del Waldorf Astoria solicitó unas esculturas de ellos mismos, a tamaño real, hechas de chocolate, para su boda. El chef tenía solo unas fotos como modelo, pero al final lo consiguió.

5. Dos camellos. Es lo normal. Vas a un hotel en Tucson, Arizona, en este caso el Loews Ventana Canyon Resort, y de pronto necesitas hacerte con dos camellos. La conserje del hotel llevaba solo unas semanas en el trabajo, pero localizó un lugar en el que el huésped podía comprar los camellos. Al final, no obstante, no los quiso porque “faltaba una joroba”.

6. Un unicornio. ¿Te quejas porque tu huésped pide camellos? ¡Al menos quiere algo que existe! Porque en el Hotel Indigo de Asheville, en Carolina del Norte, uno de los huéspedes pidió que hubiese un unicornio esperándole en la habitación. En el hotel hicieron todo lo que pudieron: compraron un unicornio de peluche y dejaron una nota explicativa, contando que no habían podido conseguir uno de verdad porque no era temporada. “Debido a sus hábitos migratorios, los unicornios están actualmente en la segunda estrella a la derecha del crepúsculo”.

Unicornio en el Hotel Indigo de Asheville

Unicornio en el Hotel Indigo de Asheville

7. Un jardín. Hay gente que se toma su pasión por las plantas y los jardines muy en serio, tanto que puede que hagan construir un jardín en la terraza de su suite para hacer su estancia de una semana más llevadera. Por lo menos se llevó a su propio jardinero para ocuparse de todo. Fue en el Hotel D’Europe de Avignon.

8. Tirarse en puenting desde el piso más alto. No está claro si lo pidieron o no (suponemos que sí), pero este huésped decidió que lo que quería hacer desde el piso más alto de su hotel no era solo admirar las vistas. También quería saltar. ¿Quién no ha hecho nunca puenting desde su hotel? Fue en el Hotel Barcelona Princess, desde el piso 22.

9. Comprar la cama. ¿Alguna vez has estado en un hotel con una cama perfecta? Seguro que no se te ocurrió preguntar al personal si te la podías llevar a casa… Pues bien, que sepas que hay gente que lo hace. Por lo menos una pareja que se hospedó en el hotel Shanghai Mansion se quedó tan impresionada con la cama, tan bonita y cómoda, que preguntó a la dirección si podían comprar la cama, el colchón y las almohadas de seda y que se las enviaran a casa… en Europa. No se sabe si accedieron o no.

10. Llenar la bañera… de leche. Claro que sí. Si lo hacía Cleopatra, ¿por qué no tú? Llenar tú mismo la bañera de leche seguro que es un poco cansado, así que mucho mejor aprovechar tu estancia en un hotel de lujo. Fue en el Premier Palace de Kiev. Un huésped pidió que le llenaran la bañera con leche (de botellas de cristal, por favor). Seguro que el baño fue relajante.

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