¿Quién le iba a decir a André Citroën que algunos de sus coches más emblemáticos de su garaje los diseñaría un italiano? No lo imaginaba en 1919, cuando fundó la empresa pero sí comenzó a atisbarlo en 1939, mientras observaba cómo un diseñador italiano con alma de escultor y trazas de genio esculpía frente a sus ojos y a escala, el que iba a ser uno de los coches más bellos e innovadores de la historia. Hablamos del Traction Avant y del legendario Flaminio Bertoni.

Bertoni era un joven lombardo enamorado de la escultura que encontró el camino para expresar su arte en un taller de carrocerías. Así, aplicando su dominio del dibujo y el cincel y combinándolo con la pulsión irrefrenable de perdurar a través de sus creaciones creó objetos tan bellos como el Traction Avant, el primer vehículo monocasco de acero con ruedas delanteras motrices, el popularísimo 2CV o ese emblema de la automoción europea que fue el DS. Todo entre 1932 y 1964.

El arte de Bertoni se había hecho popular tras la Segunda Guerra Mundial en forma de pequeño utilitario, su 2CV obtuvo un éxito avasallador y acabó inundando el parque automovilístico de un país en reconstrucción como ningún otro coche había hecho, pero alcanzó la inmortalidad en el Salón de París de 1955. Sobre una peana y sin neumáticos que distraigan la contemplación de sus formas únicas se presenta el DS. Se venden 12.000 unidades en tan solo un día.

Con su característica forma de pez, sus curvas sinuosas, y una sartenada de innovaciones impropias de la época, el DS marcó un antes y un después entre las berlinas. Fue coche de políticos, estrellas del rock y astros del cine. Una verdadera escultura en movimiento que además asombraba en lo técnico gracias a soluciones novedosas como la dirección asistida, su suspensión regulable o un interior tan amplio como luminoso.

Sin embargo, el genio de Bertini no se secó tras crear el DS. Continuó creando hasta el día de su muerte, en 1964, y una de sus últimas criaturas fue el Ami6, quizá una de sus criaturas más curiosas. La mecánica, el chásis y muchos elementos técnicos más eran herencia del 2CV, no así la solución que ideo Bertoni para la luneta trasera. La hizo en forma de z invertida para mejorar la visibilidad y acabó sentando cátedra una vez más. Fue la última creación de un artista irrepetible.

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