Según la DGT, en entre el 30 y el 50 por ciento de los accidentes de tráfico con consecuencias de muerte se detectó la presencia de alcohol en los conductores, lo que supone que —independientemente del grado de implicación que el alcohol tuviera en cada caso— todavía hay mucha gente que se pone al volante después de haber bebido. Esto hace que el alcohol sea uno de los mayores factor de riesgo a la hora de conducir.

El mismo problema se da también en otros países. La NHTSA —el equivalente a la DGT pero en EE UU— recientemente ha anunciado que está explorando tecnologías que impidan a una persona con exceso de alcohol en sangre arrancar un vehículo.

Los dos prototipos dados a conocer se basan en el análisis de los niveles de alcohol por dos métodos diferentes: uno de ellos analiza el aire exhalado por el conductor durante la respiración normal de éste, sin necesidad de ‘soplar’ en un dispositivos específico.

El sensor va instalado en el lado del conductor —en el volante, por ejemplo— y analiza mediante haces de luz láser las moléculas presentes en el aliento; el sensor es capaz de distinguir las moléculas de dióxido de carbono —presente siempre en el aire expirado por una persona— de las moléculas de etanol, presente en el aliento de una persona que ha tomado alcohol. La detección se produce por la diferente manera en que unas y otras moléculas reflejan la luz cuando pasa a través de ellas.

El otro mecanismo probado se basa en detectar el etanol a través de la piel. En este caso lo que se mide es el nivel de alcohol en la sangre, no en el aliento. El sensor por contacto —que detecta las moléculas de alcohol en sangre mediante luz infrarroja— puede estar instalada en la palanca de cambios o en el botón de arranque del vehículo.

Independientemente del método utilizado, el objetivo es anular el arranque del vehículo cuando se detecte una cantidad excesiva de alcohol —en el aliento y/o en la sangre, ambos mecanismos pueden convivir en el mismo vehículo— para prevenir la conducción en esas condiciones. Estos dispositivos funcionarían igualmente con cualquier coche y con cualquier persona, independientemente de que sea el propietario del vehículo o no.

Menos claro queda qué sucede en caso de que otra persona que no haya bebido arranca o pone en marcha el coche pero después lo conduce alguien qué sí ha bebido, toda vez que no parece muy seguro que el coche se apague o bloquee una vez iniciada la marcha.

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