El Transcantábrico es una de esas experiencias de lujo que solo unos pocos se pueden (o quieren) permitr: un tren antiguo que te lleva con calma por todo el norte de España, con paradas y excursiones por varias ciudades y parajes naturales, con suites de lujo y vagones que son en realidad salones. No querer pagar ese viaje en tren, no obstante, no significa que no se pueda realizar una ruta similar… en coche.

Las ventajas no son solo económicas: en coche tienes toda la flexibilidad del mundo para ajustar el itinerario a necesidades y gustos personales, puedes pasar el tiempo que decidas en cada sitio y parar donde y cuando quieras. Nuestras recomendaciones, basadas -con libertad -en en el itinerario que hace en realidad el tren, son las siguientes.

– Santiago de Compostela

Por supuesto, es imprescindible dedicarle tiempo a la capital gallega, especialmente si no la conoces (si la conoces no hay que convencerte). Callejea por la zona vieja, visita la Catedral y disfruta de unas tapas de pulpo á feira, mejillones o empanada. No te vayas sin probar la tarta de Santiago.

– Praia das Catedrais

Desde Compostela, cruza el norte de Galicia en diagonal hasta la frontera con Asturias (por la E-1, A-6 y E-70). Allí, entre las localidades de Foz y Ribadeo, encontrarás la impresionante Praia das Catedrais, una playa con arcos rocosos entre los que puedes pasear con marea baja (puedes consultar una tabla de mareas para asegurarte).

– Cudillero, Avilés y Gijón

Las carreteras N-634 y N-632 te llevarán por la costa asturiana haciendo que te encuentres con localidades de esas imprescindibles. Depende, por supuesto, del tiempo del que dispongas. Cudillero es un pueblecito de pescadores de esos para los que la palabra pintoresco parece haber sido inventada: casitas de colores que descienden por la ladera de una montaña hasta llegar al mar. Avilés, la tercera ciudad más grande de Asturias, tiene un casco antiguo plagado de palacios, iglesias y casas nobles, además de centros culturales como el Centro Niemeyer. Gijón, por su parte, fue finalista del programa de Destinos Europeos de Excelencia, y tiene un casco antiguo que también es necesario recorrer a pie.

– Covadonga

La costa asturiana es muy bonita, pero sería absurdo quedarse en ella y no aprovechar para ver un poco de los Picos de Europa. El Transcantábrico manda a sus pasajeros en autobús hasta el santuario de Covadonga y nosotros no vamos a ser menos. A 11 km de Cangas de Onís, Covadonga cuenta con un Conjunto Monumental que incluye la Santa Cueva (una impresionante gruta en la que se encuentra el santuario), el Monasterio de San Pedro y la Basílica de Santa María la Real de Covadonga. Visita también el lago Enol y el Ercina, a pocos kilómetros.

– Potes

Para llegar a (y salir de) Potes tendrás que recorrer una de las carreteras más bonitas de España, la del Desfiladero de la Hermida, aunque también una de las que más te pondrán a prueba como conductor: estrecha, con montaña a un lado y precipicio al otro, es de esas en las que no quieres encontrarte con un coche de frente. La belleza del camino, no obstante, hará que valga la pena, al igual que Potes, un pueblecito bonito (y turístico), encajado en el Valle de Liébana, lleno de puentes y de torres.

– Santillana del Mar

Ni santa, ni llana, ni con mar, la ciudad de las tres mentiras sí es conjunto histórico-artístico (desde 1889) y fue incluida en 2013 en la red de Los pueblos más bonitos de España. Otro de sus grandes atractivos es su cercanía con la cueva de Altamira, pero no te quedes en eso: recorre todo su casco histórico, con construcciones homogéneas de piedra de entre los siglos XIV y XVIII.

– Santander

La capital cántabra suele quedar un poco olvidada por haber perdido casi todo su casco viejo en un incendio en 1941. En este llegaron a perder casi hasta la catedral, gótica y austera, pero ha sido restaurada y merece una visita. La ciudad conserva también las ruinas de un asentamiento romano anterior, guardadas en la capilla románica del Santo Cristo. Hay muchas cuestas, así que prepárate para subir y bajar.

– Bilbao

Bilbao

Foto: luiscdiaz

Por supuesto, pasar por aquí y no parar en Bilbao sería una tontería. La ciudad ha mejorado mucho en los últimos años, revitalizando su casco antiguo y combinándola con una zona nueva moderna y agradable. Visita el Guggenheim, por supuesto, pero no te quedes en eso e investiga la ciudad a fondo. Una recomendación: el transporte público va muy bien, por lo que es mejor dejar el coche aparcado durante los días que pases aquí.

– San Sebastián

Llegamos a la parada final del viaje, San Sebastián, la ciudad construida en torno a una bahía circular con playa en la que, si hace bueno, deberías bañarte. Edificios y mansiones que hablan del pasado lujoso de la ciudad (muy popular durante la Belle Époque), y restaurantes con estrellas Michelín (y sin) en los que degustar pinchos de esos que hacen que cualquier viaje merezca la pena.

 

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