Cuando aprieta el calor, lo que bajo ningún concepto dejamos de lado es el aire acondicionado en el coche. “Tórridos veranos a 40 grados a mí”. Abrimos el coche, y soportando el sofocón (si es que no sabemos cómo bajar la temperatura interior del coche con rapidez y elegancia) conectamos el A/A a -50ºC. Pasando por alto el hecho de que el aire acondicionado o el climatizador no congelan, esta escena es más que habitual en cualquier ciudad, pueblo o pedanía en los meses más calurosos del verano.

Con ese gesto tan común podemos terminar sufriendo dos cosas: una temperatura inadecuada en el habitáculo y un consumo extra de combustible que nos podríamos ahorrar fácilmente (aunque bien es cierto que podemos caer fácilmente en la trampa del mito). Al fin y al cabo, es bueno conducir fresco, pero no demasiado  en comparación con el ambiente exterior. Y el “sol en la panza” (como cuando nos desplazamos temprano o tarde durante el día, y el sol nos cae a plomo sobre el abdomen) no se combate con aire acondicionado, sino con sombra. Pero, ¿cuánto consume el aire acondicionado?

En los coches modernos podemos comprobar el consumo en litros de combustible por hora de diversos sistemas del coche, de los que destaca el climatizador. Sin embargo eso de los litros por hora no lo controlamos demasiado, aunque es una buena medida para ver la dimensión del gasto “tonto” del ralentí, pues gastar medio litro por cada hora de ralentí es algo notorio porque es combustible quemado “sin más”).

Para unir el gasto del aparato de aire al consumo medio del coche, podemos decir que el consumo real aumenta entre el 5% y el 20%, dependiendo sobre todo del uso que le demos al aparato, del tiempo que lleve conectado y del nivel de exigencia al que operemos. Cuanto más baja deba ser la temperatura del habitáculo, tanto más esfuerzo hará el aparato, y por tanto, más consumirá. Si nos mantenemos a temperatura constante, el compresor no necesitará trabajar tanto, y el consumo será menor.

Aparte del consumo, que aumenta porque el motor debe emplear su fuerza en mover el coche y mantener el aire operativo, se nota una leve reducción de potencia. Esto se nota especialmente en coches poco potentes (por debajo de 80 o 90 CV), y si arrancamos en cuesta, por ejemplo. Seguro que alguna vez escuchamos expresiones como “es que el aire tira mucho”, o “quítale el aire que si no se cala”. Pues bien, entre 2 y 15 CV se pueden “perder” en mantener el aire acondicionado, algo notable cuantos menos caballos totales disponga el coche.

¿Cómo reducir razonablemente el consumo del aire acondicionado?

Recomendamos que, antes de encender el aire acondicionado, procuremos tener el coche fresquito. Como eso no siempre es posible (pero si tienes plaza de garaje nadie te obliga a dejar el coche en la calle “por comodidad” cuando llegas a comer a casa), el siguiente paso razonable es enfriar el coche.

Lo podemos hacer de una manera más suave o con una forma brusca: entramos, activamos el aire y lo programamos a 18 grados; o bien abrimos ligeramente las ventanillas y conectamos el aire a la “temperatura de servicio”; o por último, podemos utilizar la técnica definitiva para enfriar el coche sin esfuerzo. Preferimos la última, pero la penúltima también funciona razonablemente bien, primero porque funciona con los mismos principios, y segundo porque es menos llamativo.

¿Y cuál es la temperatura de servicio ideal? Lo mejor es que, si fuera hace mucho calor (entre 30 y 40 grados), el interior esté entre 22 y 24 grados. Es más que suficiente, y no supone un choque demasiado importante entre temperatura interior y exterior. Pero eso ya es cuestión de gustos personales. Lo que es cierto es que a esa temperatura el aire gasta (¡y tira!) menos.

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