Jan Chipcase tuvo una reunión con unos expertos japoneses en vehículos autónomos y hablando sobre un futuro cercano en el se hayan convertido en algo tan común como son los airbags o los GPS de hoy en día les surgieron un montón de disquisiciones. De todas ellas habla en Twelve Concepts in Autonomous Mobility. Algunas resultan de lo más curiosas e implican una especie de factores psicosociales (aunque más bien aplicados a los coches que a las personas) que probablemente poca gente ha considerado todavía.

Casi todas las cuestiones utilizan algunos conceptos como son la «elasticidad» –o cuán lejos permitiríamos a un vehículo autónomo ir sin supervisión– y lo que podría llamarse «distancia de respeto», que sería la separación entre vehículos y que como sabemos varía de unas ciudades a otras. En Nueva York la norma-no-escrita es que debes estar suficientemente lejos como para ver completas las ruedas del coche que te precede; en Madrid desde luego la norma no es esa, y los coches van tan apelotonados en los atascos como les resulta posible.

Una situación curiosa podría surgir cuando se envíe a los coches a llevar o recoger a los niños al colegio: es probable que si los pequeños quieren hacer el camino andando los coches tengan como opción un «modo niñera» y simplemente hagan de fieles acompañantes siguiéndolos a una distancia prudencial mientras caminan por la acera. Esta situación recuerda un poco a la de los androides de Almost Human (casi humanos) una serie de ciencia-ficción emitida recientemente en la que se trata a robots casi indistinguibles de las personas como ayudantes domésticos. ¿Dejarías que un coche autónomo llevara a tus hijos al colegio? Pensemos lo que pensemos, seguramente será más seguro a que los lleve una persona.

¿Y si se dejaran muchos coches autónomos en un parking? Tal vez podríamos asistir a un divertido juego de Tetris cada vez que entrara uno nuevo mientras se recolocan unos y otros mediante los diferentes algoritmos para optimizar el espacio. Algo que podría ser divertido de ver si además tuvieran «distancia de respeto» distintas.

Ver por casualidad al propio coche realizar tareas como recoger las bolsas de la compra o ir a una tienda de flores también puede suponer un problema… Sobre todo cuando es la pareja quien ha realizado el encargo (y especialmente si las flores no resultan ser para él/ella). ¿Habrá que programarlos para que se mantengan alejados de ciertas personas seleccionadas? También habría que pensar en qué sucede si los coches empiezan a utilizarse para vagar, sin destino aparente, llevando por la calle carteles publicitarios, para amedrentar a morosos (tipo «el cobrador del frac… en coche autónomo») o para organizar una manifestación y bloquear una calle. Si puedes imaginarlo, seguro que puede ocurrir.

Finalmente, otra cuestión relacionada con la privacidad: con tanto sistema automático y tanta cámara es probable que para muchas personas resulte incómodo sentirse tan observado, especialmente si el coche se va a convertir en un nidito de amor o el lugar para la juerga definitiva. Es probable que muchos vehículos tengan que incorporar un botón de «privacidad» para apagar todos esos sensores o que, si no lo hacen, surjan en el mercado hackeos y manuales de trucos para hacerlo: al fin y al cabo, todo el mundo tiene derecho a un rato de intimidad sea en su coche o en su casa.

{Foto: Citroen Tubik Concept (CC) Brett Jordan @ Flickr}

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