Es muy probable que cualquiera de vosotros conduzca al amanecer o al anochecer. Por la mañana, cuando vamos hacia el trabajo o a llevar a los niños al colegio;  y por la tarde, de vuelta a casa, es frecuente encontrarse de frente con el sol, ya se esté poniendo, o bien  esté saliendo. Dejando de lado la obviedad de que por las mañanas acabamos de despertar, y no estamos de un gran humor (o sí, en cuyo caso, ¡enhorabuena!), y que por las tardes ya estamos deseando llegar a casa, hay otras preocupaciones típicas que hemos de tener en cuenta al salir en coche a determinadas horas. 

La luz, el gran problema

La luz disponible es el gran problema del cambio de la noche al día, o viceversa. En el primer caso, pasamos de la oscuridad a la luz de forma progresiva, pero con ciertos momentos molestos. Cuando sale el sol, el ángulo de inclinación de los rayos es el más molesto para la vista porque, si lo tenemos de frente, estará justo delante de nosotros, cegándonos completamente a menos que estemos prevenidos.

Es necesario ver y ser vistos, y para ello un consejo es llevar siempre las gafas de sol, al menos en el coche, para que en el momento en que nos podamos quedar deslumbrados por el sol, podamos protegernos rápidamente. El uso de los parasoles del coche es fundamental, también, así que vamos a juntar todos los consejos imprescindibles en esta lista:

  1. Luces encendidas. Es bueno llevarlas todo el día, pero en el amanecer y la puesta de sol es obligatorio. No podemos apagarlas mientras haya luz (o cuando empieza a haberla), sino hasta que el sol sale totalmente. Si no enciendes las luces te pueden multar y dicha multa supone 200 euros y 2 puntos del carnet.
  2. Hay que moderar la velocidad, simplemente porque hay una peor visibilidad. Además de eso, corremos el peligro de ser deslumbrados por el sol que impacta directamente en los ojos, así que si vamos a una velocidad moderada, y mantenemos la distancia de seguridad apropiada, no tendremos mayores problemas.
  3. Llevar el parabrisas limpio es imprescindible. No solo lo es al amanecer y al atardecer, sino siempre. Ha de estar limpio por dentro y por fuera para evitar los reflejos de luz y, sobre todo, porque las manchas de grasa (de la respiración, de tocar la luna con los dedos…) se revelan en todo su esplendor cuando incide el sol sobre ellas.
  4. Parasoles: como bien dijimos anteriormente, los parasoles del coche sirven para detener ese rayo de sol directo a la retina. Ha de regularse bien, pero si no llegan para tapar el sol, debemos incluso mover un poco el asiento.
  5. Programa y estudia tu próximo viaje. Viajar es inevitable, a veces, pero sí podemos intentar  programar un poco la ruta para evitar ir directos hacia el sol a la hora del amanecer o del atardecer. Simplemente basta con programar una parada a la hora aproximada en la que el sol sale, y esperar lo suficiente como para que lo podamos tapar con el parasol al amanecer (o para que se ponga definitivamente, al atardecer).

Lluvia, hielo y otros problemas

No solo nos debe preocupar el sol directo aunque es lo más notable. Si circulamos en invierno, la salida del sol, el momento justo del amanecer, coincide con el momento más frío del día por múltiples razones físicas. Ese momento tan frío, junto al calor de los incipientes rayos de sol, hace que se produzcan nieblas en las zonas húmedas, que se formen placas de hielo, y que necesitemos más precaución, todavía,  por si nos encontramos de repente una de esas placas.

Además, la lluvia puede coincidir con un claro de sol que provoque que la conducción sea aún más borrosa e incómoda. No te olvides de que, si es demasiado incómodo seguir circulando, siempre puedes parar y esperar condiciones mejores para seguir tu camino.

 

Foto | Benson Kua

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