Ya hemos hablado en alguna ocasión de la conducción autónoma y de las perspectivas de desarrollo que tiene esta línea de investigación en los próximos años. Por las noticias que llegan de Google (el aparente pionero a nivel mundial en esta materia), la tecnología está prácticamente lista y se han recorrido ya cientos de miles de kilómetros de pruebas con prototipos autopilotados.

La pregunta que queremos plantear hoy no se refiere a la tecnología en sí misma, sino al reto que supone un nuevo escenario de circulación en el que los coches podrían circular no solamente de forma autónoma con pasajeros a bordo, sino literalmente vacíos en busca de aparcamiento o precisamente yendo recoger a su propietario. En caso de accidente, ¿quién tiene la culpa?

Cómo ve la ley este tipo de situaciones

Podría pensarse que se trata de una pregunta absurda. Al fin y al cabo, los coches autónomos presentan como una de sus principales ventajas la eliminación del factor humano en la conducción y por tanto la reducción radical del número de accidentes, a valores próximos a cero. La cuestión es que siempre habrá accidentes, sobre todo mientras convivan los coches autónomos con otros que no lo son y que en principio serán mayoría por bastante tiempo.

En el ordenamiento jurídico actual, cuando existen daños tiene que existir un culpable y ese culpable ha de ser una persona física o jurídica (empresa) que deberá hacerse cargo del perjuicio causado. Esto significa que, incluso en un coche vacío que circula solo, alguien ha de ser responsable de todo aquello que suceda. Puesto que un coche no tiene personalidad jurídica propia, habrá que hilar más fino para depurar responsabilidades.

Entonces, ¿de quién es la culpa?

En principio, el coche autónomo estará necesariamente dotado de cámaras y sensores 360o que permitirán grabar con todo detalle lo que ha sucedido en todo momento a su alrededor. Esto nos sitúa en un escenario ideal para la determinación de responsabilidades, pero todavía necesitamos un culpable incluso partiendo de esa ventaja.

La respuesta legal, en principio, pasaría por identificar perfectamente el origen del accidente. Si se trata del fallo en un sensor, en un motor o en un neumático, la justicia pediría responsabilidades al correspondiente fabricante del componente en cuestión. Si se trata de una negligencia en el mantenimiento, sería el propietario quien tendría que responder de los daños.

Sin embargo, como todos sabemos, los accidentes originados por fallos mecánicos representan una ínfima parte del número total, y parece lógico pensar que en un coche repleto de sensores y con una avanzada capacidad de autodiagnóstico (y que aún encima puede conducirse sólo al taller) el número de fallos en componentes que puedan causar un accidente tendería a cero.

Finalmente, la causa más probable de accidente en un coche autónomo sería, al menos en principio, el autómata que gobierna sus movimientos, es decir, en última instancia, Google. Lo cual significaría que Google tendría que estar muy segura de lo que pone en el mercado, y todavía más segura tendría que estar una supuesta compañía aseguradora que pretenda avalar semejante operación comercial a escala planetaria (por muy gradual que se haga, el proyecto es colosal) antes de empezar a vender la tecnología de autoconducción a diestro y siniestro.

El potencial de indemnizaciones ante posibles fallos es tan grande que probablemente tengan que inventar algo para compartir o delegar ese riesgo, antes de asumir los costes de semejante póliza. En caso contrario, los coches autónomos van a costar una auténtica fortuna.

Suponiendo que lleguen algún día, claro.

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