El otoño es una época en la que típicamente vivimos con tiempo cambiante, y por tanto unos días podemos encontrarnos con un sol primaveral, pero otros nos topamos con fuertes lluvias y bajadas importantes en la temperatura. Si vestirnos adecuadamente es una odisea, conducir no es fácil por esas características cambiantes del tiempo, y uno de los puntos más sensibles del coche son los neumáticos.

Con la llegada del otoño nos encontramos poco a poco con los días más cortos, las mañanas más frías, las lluvias de mayor o menor intensidad, las primeras heladas. El estado de nuestros neumáticos debe estar en buenas condiciones para que nos sintamos seguros, no solo bajo la lluvia, sino con esas temperaturas más bajas, que hacen que la adherencia se resienta. Tras un verano de altas temperaturas en el asfalto, el salitre del mar, muchos kilómetros en las carreteras, toca revisión de la parte más importante del coche.

Comprueba el estado de tus neumáticos

Un neumático debe mantenerse al día de forma rápida y sencilla. Los cuidados principales de nuestros amigos gomosos son revisar sus presiones y utilizarlos con cuidado, para no dañar su superficie en la medida de lo posible. Veamos unos cuantos consejos para saber que llevamos un calzado apropiado.

  • La profundidad del surco. Sabemos que, legalmente, debe ser no inferior a 1,6 mm, pero hemos de tener sentido común y pensar en las lluvias, que necesitan de cuanto más surco, mejor. De hecho existe un testigo poco conocido que nos informa del agarre óptimo en agua, situado en 2,3 mm de profundidad de surco. Si estamos llegando a los testigos del neumático y comienza el mal tiempo, hay que poner neumáticos nuevos.
  • Las presiones. Debemos mantener las presiones en los valores recomendados para nuestro coche, ni más, ni menos. Solo en casos especiales, como cargar mucho el coche, podemos variar dichas presiones, pero siempre seguiremos las indicaciones específicas para nuestro modelo. Si perdemos presión estaremos desgastando más los neumáticos por los bordes que por el centro, y si nos pasamos con la presión, será primero el centro y luego los bordes los que se desgastarán demasiado.
  • El estado de salud de la banda de rodadura. Con una simple inspección visual podemos detectar daño en la goma, como por ejemplo daños en los flancos por los temidos “bordillazos”, un “plano” debido a una frenada demasiado brusca, o porque nos patinaron las ruedas en exceso, por la razón que sea, o un desgaste irregular de otro tipo, que puede indicar un mal equilibrio o algo más significativo.
  • No apostemos por neumáticos de segunda mano. Son neumáticos no garantizados, de los que no sabemos su “historia”, ni sabemos los daños internos a nivel de carcasa que pueden presentar. El ahorro económico no compensa el hecho de saber que estamos llevando neumáticos que nos pueden dar un susto muy importante.
  • Nunca sustituiremos un solo neumático por eje. Los neumáticos se cambian siempre a pares, y se suele recomendar, para los coches de tracción delantera, que los neumáticos nuevos se coloquen en el tren trasero.
  • Neumáticos eficientes en agua, o neumáticos de invierno. Según la zona y las previsiones de mal tiempo, lluvias e incluso nieve o hielo, elegiremos los nuevos neumáticos que calzaremos. Para otoño, si vivimos en una región lluviosa, la mejor opción son los neumáticos eficientes en agua, según podamos leer en la etiqueta: cuanto más cercano a la A sea en la puntuación de seguridad, mejor.

Las razones para mantener el neumático en estado óptimo

En situaciones de lluvia, el neumático en mal estado, desgastado o con defectos nos va a jugar malas pasadas. Hay que tener en cuenta que, bajo la lluvia:

  1. Aumenta la distancia de frenado en torno al 40%.
  2. Tenemos menos capacidad de tracción cuanto menos profundidad de surco tengamos en el neumático.
  3. Podemos sufrir aquaplaning aun con el neumático completamente nuevo y con las presiones óptimas, cuánto más con el neumático desgastado o con un mal mantenimiento.
  4. En otoño, sobre todo, el asfalto tras las lluvias es más resbaladizo porque éste ha de limpiarse de barro, polvo y grasa después de todo un verano seco y caluroso. Al llover de forma intensa se forma una especie de lodo muy resbaladizo.

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