Queridos lectores, si sois de los que adoráis viajar por carretera en vuestro flamante Citroën DS, estoy segura de que sois exigentes y, como yo,  también tendréis en mente detalles o circunstancias que a menudo entorpecen vuestras neumáticas andanzas, impidiendo que sean sencillamente perfectas. Hoy os voy a relatar algunas de mis elucubraciones sobre el tema, ciertos pensamientos que me llevan torturando –levemente- años y a los que, en parte, he logrado encontrar solución.  ¡Sólo en parte!

1.¿Por qué a los hombres les molesta que nosotras llevemos mucho equipaje o  necesitemos parar por necesidades fisiológicas?

Lo siento pero si no cuento esto, ¡exploto!  Chicas, cuándo viajáis con vuestros novios, maridos o amantes y ellos llevan las riendas del coche, ¿no habéis tenido problemas en esas circunstancias? ¡Yo sí! Y no lo entiendo  porque es el coche el que lleva el equipaje, no lo lleváis vosotros, lectores masculinos, sobre la espalda. Entonces, ¿por qué nos ponéis mala cara cuando nos veis meter una maleta detrás de otra, encajándolas  perfectamente en el maletero sin ocasionar ningún perjuicio ni daño colateral? ¡Nosotras “necesitamos” todo! Y no tenemos la culpa de que vosotros os arregléis con poca cosa. Una pizca de condescendencia.  Y si hay que parar cinco veces en cinco horas, no pasa nada. Nosotras iremos de mejor humor y por llegar un poco más tarde, no se acaba el mundo.  Solución al problema si la parte contraria sigue en sus trece: ruptura de pareja o, chica, empieza tú a conducir su coche, o sea, ruptura de pareja. Repito.

Si cabe todo bien apañadito. ¿Por qué se os va borrando la sonrisa con cada bulto?

2. Señalización de gasolineras. 

¡Uf! Con esto sí que las he pasado canutas.  A veces entre la maleza ves el cartelón que anuncia la gasolinera pero, ay de ti como vayas mal de combustible y resulte que la gasolinera en cuestión no está donde está el cartel sino unos cuantos kilómetros más allá, o que justo, tras haber cogido el desvío, desaparezca en la primera encrucijada , toda referencia a esa estación de servicio.  No es la primera vez que tengo que volver a incorporarme rezando para que efectivamente surja de nuevo la posibilidad de repostar en un sitio normal. Solución, intento sólo parar en aquellas gasolineras que se ven con el ojo humano sin salirse de la carretera.

Con esto me encontré yo en una de mis urgencias. Al menos estaban señalizados los kilómetros y pude escoger.

3. Parar a comer también puede ser una odisea.

La D.G.T. y yo os recomendamos no comer copiosamente cuando hay que coger el coche para conducir durante horas. A mí, con la digestión, como buena española, me entra frío polar en el cuerpo; pero además me invade una modorra que ya quisiera el Diazepam provocar algo similar entre sus acólitos adictos. Así que la cosa está complicada cuando haces un viaje de más de cinco horas y entre tus costumbres se encuentra la de comer con cierta frecuencia.

Hamburguesa con patatas del restaurante A Contraluz (Barcelona).

Por supuesto, en toda ruta existen buenos restaurantes a los que desviarse pero el problema es el que os decía. ¿Quién es el gallito que resiste a la tentación y se toma una ensalada mixta cuando la carta te ofrece delicias? ¡Yo no! Otra opción, por supuesto, es apearse en un restaurante de gasolinera donde ya no hay tantas tentaciones, ¡uf! Si no hay más remedio se hace, pero si puedo evitarlo, ¡mejor! Casi todo caro, mediocre y en un ambiente frío y triste. Por todas estas razones, he vuelto a las costumbres de antaño: llevarme mi propia comida. Mi rico bocadillo de tortilla francesa con huevos caseros o mi filete de ternera rebozado a la antigua usanza y cortado en pedacitos que tan buenos recuerdos de los grises días de playa ribadense, me trae.  ¿Y dónde comer? Pues eso es complicado porque dentro del coche, ¡ni hablar! No puedo conducir con migas igual que las princesitas no pueden dormir con un guisante bajo sus colchones. Y a una, los merenderos tipo comunas de gran afluencia, como que no le van mucho, con lo cual encontrar un sitio donde parar y estar a gusto es complicado.

En mi merendero favorito, en una carretera escondida donde puedes comer con toda la tranquilidad del mundo con el plus de la soledad. ¡Dirección súper secreta!

Os recomiendo, si queréis seguir esta tendencia, desviaros al tuntún, dejar a un lado las órdenes del navegador y abandonaros a vuestra suerte para poder encontrar rincones interesantes de la geografía nacional. Sé que para los lectores masculinos esta tarea es harto complicada. Ya es difícil convenceros para parar en algún sitio aun cuando hay necesidades más perentorias que el comer, como para deciros que nos desviemos y que nos vayamos de aventura loca por carreteras comarcales. ¡Seguro que ponéis el grito en el cielo!

4. Más trastornos: Un coche te adelanta para inmediatamente ponerse a más baja velocidad que tú.

Esto no es muy habitual por suerte, pero sí que me ha pasado varias veces. El conductor que me hace esto, siempre ha sido adelantado por mí previamente y parece que no contento con la maniobra, opta por volver a colocarse delante pero a la misma marcha que antes. Al final, aquello se convierte en un día de la marmota versión road story.  ¡Ahora adelantas tú, ahora adelanto yo! Solución: poner tierra –o más bien asfalto- de por medio pisando el acelerador, o al revés, pararse a tomar un café tranquilamente y dejarle que disfrute de su pequeña victoria. A veces no cuesta nada hacer feliz a la gente.

Así, ¡sí!

5. ¡Un coche te persigue!

Pensaréis que estoy de guasa y que esas cosas no pasan, ¡ja! Por suerte la cosa no acabó como la película “El diablo sobre ruedas” (1971) dirigida por Steven Spielberg y con guión del gran Richard Matheson, -película que os recomiendo fervientemente-, pero sí, mi perseguidor aceleraba y deceleraba según mis designios. Segura de que no eran imaginaciones mías, pensé que desviarme para tomar café sería la mejor solución (creo que debo plantearme esto de tomar café como solución para todo). Pero hete aquí, que él también se desvió y aparcó a mi lado.  El hombre quería tomarse algo conmigo –un ole a su optimismo- y no se le ocurrió mejor idea que la de la persecución por carretera.  ¡Acabáramos!

Fotograma de la genial película “El Diablo sobre Ruedas”.

En fin, si estáis en esta tesitura y el perseguidor no es atractivo,  -si lo hubiera sido, lógicamente no os lo estaría contando como una molestia- ,  encomendaos a algún santo para que la cosa no pase de ahí y el tipo o la tipa no insistan. En eso tuve suerte y tras mi negativa, desistió, se quedó tomando una copa él sólo, pero a mí me dejó el cuerpo con una desazón considerable. ¡Uf y re-uf!

 

5. Una molestia obsoleta: Preguntar a algún viandante por una dirección y que no te suelte ni a tiros.

Ésta casi es una molestia vintage ya que ahora con los navegadores estupendos de Citroën DS ya no hay mucho que preguntar. Te dejan en el sitio y listo. Pero antaño no era así y efectivamente tenías que parar a preguntar a alguna persona y fiarte de lo que te contaba con toda su buena fe. Problemón, comprender a veces las explicaciones. Y súper problemón, interrumpir con educación a aquellos lugareños que no cortaban su enardecida verborrea aunque te estuvieran pitando y maldiciendo los coches de la caravana que acababas de formar.  La solución era dejarles con la palabra en la boca sin parar de decir repetidamente: “gracias, gracias, gracias, muchas gracias”, mientras acelerabas suavemente y te sentías fatal a medida que ibas escuchando el monólogo más lejos.

No tengo foto de esta situación ya que ahora no se da, por eso os dejo con una preciosa imagen de uno de mis viajes by Citroën DS. ¡Bellísima!

Y aquí dejo mi pequeño manifiesto de molestias varias. Estoy segura de que puede ser completado, no sólo por mí, sino también por vosotros. ¿Os animáis? Y si además ya tenéis la solución y la compartís con nosotros, aún mejor!

Ante todo, tenemos que echarle a nuestros viajes y trayectos un gran sentido del humor, una pizca de paciencia, buena educación siempre, y muchas muchas ganas de aventura. ¡Ah! ¡Y un rico café!  Así, todo se lleva mejor.

Al llegar a mi destino rodeada de tres verdaderos mitos: Citroën DS3, abrigo de Max Mara y Reverso de Jaeger-LeCoultre. ¡Imposible quejarse!

¡¡Un fuerte y cálido abrazo!!

Sylvie Tartán.

Comentarios

Ines R Vega -

Estoy de acuerdo!
A ver si la gente se va concienciando :s
Un beso guapísima!

Nauj Sozap-Ladiv -

Totalmente de acuerdo, estimada Sylvie. Sin límite de equipaje, parando cuando se quiera y, por supuesto, si hay tiempo, perderse en esas magníficas carreteras secundarias. Allí siguen escondidos todos esos paisajes y paisanajes de otro tiempo, cuando se viajaba sin prisa, y en ocasiones no sabes si estás viendo o recordando. Muy recomendable. En cuanto a lo del Diablo sobre Ruedas, decirte que a mi nunca me ha perseguido una diabla pegajosa. Sólo he visto varias veces a la chica de la curva, pero esa es otra historia… Felicidades como siempre, maestra.

Eva Blanco -

Jajjajja Querida Sylvie Tartan, todas y cada una de las situaciones las he sufrido en mis carnes. Sigue así, es un gustazo leerte!

Alexander Vórtice -

Estimada Sylvie, debo de ser de los pocos hombres a los que no les importa que llevéis mucho o poco equipaje, y mucho menos que se deba parar para que se hagan las correspondiente necesidades. Lo que importa de viajar es la compañía, por eso yo viajo poco.

Abrazo.

Carlos -

Hola Sylvie, resultan muy irritantes esas situaciones cuando las vives, pero myy divertidas cuando tú las cuentas.

Lo del equipaje seguro que algún estudioso nos dice que es una cuestión genética, de cuando el hombre-cazador y por tanto nómada, necesitaba andar “ligero de equipaje” localizando las manadas para la compra mensual.
¡Una gasolinera por favor!: Yo, que soy algo despistado, cuando me veo en ese aprieto quito el ac del coche, apago la radio, apuro la 6ª…. y no le quito el ojo al indicador de quilómetros restantes para agotar el depósito, y así “engaño” al coche, y hasta aumenta la distancia teórica que puedo recorrer, aunque sé -bien que sé- que el gasóleo va a menos.
Saludos, Carlos.

Sylvie Tartán -

¡Ja, ja, ja! Espero no ver a esa niña yo, que seguro que soy de las que paro a ayudarla. Aunque ahora, más bien, llamaría al 112 y listo. Me alegra que haya gente que también se pierde por esas maravillosas carreterillas. ¡Un beso y mil gracias!

Sylvie Tartán -

Totalmente de acuerdo contigo, Alexander. Lo importante, siempre, es la compañía y vayas a donde vayas, si ésa es grata, el viaje será espléndido. ¡Gracias por ser de los que paran! ¡Un gran beso!

Sylvie Tartán -

¡Ja, ja, gracias mil, Carlos! Yo también soy de las que va en la sexta. La radio la quito porque voy histérica y me pondría más histérica todavía escuchar a un locutor tranquilo. Sólo miro los kilómetros de autonomía del coche.
Me gusta mucho tu teoría antropológica -creo a pies juntillas en la Antropología- sobre el tema del equipaje. ¡Alguna explicación tiene que tener! ¡Un abrazo!

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