Mientras las ventas de discos físicos continúa en descenso, hay que dejar algo claro: en países como Reino Unido el CD sigue siendo el formato más vendido a pesar del empuje de las ventas en digital o en vinilo (que a pesar de la buena publicidad representó en Reino Unido apenas el 0,4% de las ventas en 2012, y en Estados Unidos el 1,44%).

Aunque sí, el año pasado en EEUU la descarga gana la comparación entre ventas digitales y físicas fue de 111,7 millones frente a 93,1 millones respectivamente. Parece muy pronto para decretar la muerte del CD como soporte.

¿Cuánto se reparte en la venta de un disco?

Además de acusársele de ser un formato con una pobre calidad de sonido, también suele decirse que el CD es caro. En España, por ejemplo, los estrenos suelen rondar un precio de entre 15 y 20 euros en sus primeras semanas a la venta. ¿Por qué se estrena un CD a ese precio? Y sobre todo: ¿a dónde va a parar ese dinero?

Según la BBC, en Reino Unido el precio medio de un disco ronda las 8 libras (poco más de 9 euros). De ese dinero, el 13% va a parar a manos del artista; mientras el 30% pertenece a las discográficas, que a su vez tienen que pagar un 17% de impuestos. Aproximadamente el 17% pertenece a la tienda, y el resto del pastel se reparte entre fabricante (9%), distribuidores (8%), y derechos de autor (6%).

Promotores y editores

Esto no quiere decir que un artista viva plenamente de las ventas, ya que estas no son suficientes para sostenerles económicamente durante el año y medio que puede tener un disco de vida. Evidentemente ahí aparece la figura del promotor de conciertos, cada vez más lastrada por un 21% de IVA y otro 10% para la Sociedad General de Autores por cada entrada vendida. Son ellos los responsables de contratar al artista, que además por cada concierto tendrá que dar un porcentaje a su  discográfica y a su oficina de contratación.

Por el medio también aparece la figura de la editorial, que es la responsable de registrar las canciones de cada artista; y sobre todo las que ponen en marcha un mecanismo clave en la música: el adelanto.

Estos pequeños “préstamos” son ofrecidos por estas empresas a sus compositores, a modo de adelanto por una estimación de distribución y difusión de sus canciones. Son las editoriales las que se aseguran de que el artista reciba una compensación cada vez que se utilizan sus obras en películas, series o trabajos discográficos.

Y a vueltas con la publicidad

Al menos esta es la estructura que debe empezar a cambiar si la industria musical quiere salir adelante. Ya hay casos de editoras que publican discos, de oficinas de contratación que publican discos, de promotores de conciertos que publican discos; y por lo pronto, las discográficas son las que llegan más tarde a la partida y continúan vendiendo,cada vez menos, discos. La obsesión sigue siendo que consumas música, porque es la única forma de salvar el panorama; pero ¿qué tal si nos la vendieran de otra forma?

El usuario empieza a ser otra generación que pasa del CD e incluso de la descarga. De ahí el auge de sitios como Spotify o YouTube, en los que la publicidad se ha convertido en una importante tabla de apoyo: si existe un producto abierto, más gente lo verá… ¿Y qué quieren las marcas? Gente que las vea. Esta podría ser una solución que cada vez dibuja una mayor relación entre una industria que quiere seguir viva y unos anunciantes que no quieren parecerlo. Solo así se entienden los 5 millones que Samsung pagó a Jay-Z para regalar su nuevo disco en exclusiva a un millón de sus usuarios.

También los gestores de la música en general deberían fiarse más de tecnologías que acercan al usuario a sus obras. Solo hay que ver cómo el streaming se ha convertido en la salvación para la música en países como Noruega, donde el 66% de los beneficios proceden del streaming; o Suecia, donde el 94% de los beneficios de consumo digital vienen de plataformas como Spotify y donde la venta física apenas alcanza el 25% del total. Y ojo, ambas no han parado de crecer en consumo en los últimos meses.

Foto: PhatBootyEnt

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