Plástico y sostenibilidad no suelen ser palabras que se relacionen, o por lo menos no de forma positiva. Si pensamos en el plástico y de cómo contribuye al medio ambiente seguro que vienen a nuestras cabezas imágenes de grandes montañas de residuos, peces atrapados en las anillas de plástico de las latas o ballenas muertas con estómagos llenos de bolsas y botellas. Pero ¿y si la clave para unas carreteras más sostenibles estuviese precisamente en el plástico?

Al margen de que ganar el asfalto en temas de sostenibilidad es bastante fácil (emite 1,6 millones de toneladas a la atmósfera cada año), la idea de las carreteras que quizá prueben en Rotterdam parte de la premisa de que el plástico ya está aquí y no va a dejar de producirse en un futuro próximo, por lo que ¿por qué no reciclarlo para usarlo como calzada en vez de dejar que flote en el océano o llene vertederos?

Los responsables del proyecto, todavía en fase muy temprana, son VolkerWessels, una empresa holandesa que asegura que las ventajas de sus carreteras de plástico van mucho más allá de eliminar residuos: serán más fáciles, rápidas y baratas de instalar, durarán más tiempo y serán, a su vez reciclables.

El proceso sería el siguiente: cada tramo de carretera sería producido en una fábrica y trasladado después al lugar al que está destinado, ensamblándose con otros tramos como si se tratara de ptecnologiteconolotezas de LEGO. Cada pieza, además, está hueca, dejando sitio así para cables, tuberías y otras cosas cuya instalación ahora implica tener la carretera en obras varias semanas. Cuando la carretera acabase su vida útil al cabo de muchos años, podría ser reciclada también.

Las ventajas no se quedan ahí. Según la compañía, las carreteras de plástico serían también mucho más resistentes a las condiciones meteorológicas: sobrevivirían sin problemas a temperaturas de 40 grados bajo cero y 80 grados positivos, y se estima que su vida útil podría alcanzar los 50 años, el triple de lo que dura una clásica carretera de asfalto. La corrosión no les afectaría, por lo que el mantenimiento (y los atascos que provocan) sería mínimo.

El proyecto, llamado PlasticRoads, está de momento en fase conceptual, pero la compañía espera poder instalar el primer tramo en una carretera real dentro de tres años. Desde el Ayuntamiento de Rotterdam, famosos por su apoyo incondicional a los proyectos de sostenibilidad, ya han mostrado su interés, por lo que podrían ser los primeros en ver una de estas calzadas en sus calles.

Si las primeras pruebas tuviesen éxito, podríamos estar a ante el comienzo de una nueva era en el transporte por carretera. ¿Diremos adiós al asfalto en el futuro?

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