Son ya algo más que habitual en las ciudades: los badenes en los pasos de cebra que nos obligan a frenar sí o sí, aumentando así la seguridad de los peatones. Aunque como conductor pueden resultar algo molestos, su existencia no es gratuita: son una respuesta al hecho de que, pese a que todos sabemos que en un paso de cebra el peatón tiene prioridad y están señalizados de forma muy visible, sigue habiendo atropellos en esos lugares en los que nunca debería haberlos.

La solución drástica fueron los badenes: si no frenas, no solo es incómodo, sino que podrías llegar a dañar el coche a según qué velocidad. Pero ¿podría intentarse algo intermedio? La respuesta es sí: una ilusión óptica que nos haga ver un badén o una elevación donde no la hay. En Ísafjörður, un pueblo islandés, acaban de inaugurar su primer intento. Si funciona, la idea es instalarlo en más cruces de peatones.

Se trata de una idea sencilla y práctica, además de más económica que la instalación de un badén. En el caso islandés, el efecto óptico hace que veamos las bandas del paso de cebra como barras que flotan en medio de la carretera. Al aproximarse en coche a la pintura, porque el ser humano es así y nos cuesta ignorar lo que ven nuestros ojos aunque ya sepamos que se trata solo de una ilusión, los conductores frenarán. ¿Alguna vez has visto a gente con muchos problemas para atravesar una pasarela transparente situada a muchos metros de altura? Esto es algo similar.

¿Funciona? Por lo menos las primeras veces, sí, y lo digo por experiencia propia: hace nada me encontré reduciendo de forma importante la velocidad al encontrarme un paso de cebra con los triángulos a los laterales que suelen tener pintados los badenes… solo que al atravesarlo me di cuenta de que no había ninguna elevación en la carretera. Si algo tan sencillo ya nos obliga a frenar, la sensación de que unas enormes barras flotantes nos impiden el paso será también efectiva.

No es la primera vez que se introducen este tipo de pasos de cebra en 3D. Como ya comentamos en otra ocasión, países como la India, China o Rusia ya hace tiempo que los tienen en algunos de sus cruces de peatones más conflictivos. Aunque su efectividad es más baja entre los conductores cuya ruta habitual pasa por ellos (poco a poco van convenciendo a su cerebro de que todo es una ilusión), la idea es sin duda buena y promete reducir el número de atropellos. Los encargados de su instalación en Ísafjörður, la firma islandesa Vegmálun GÍH, ya han dicho que si funciona instalarán más por todo el casco histórico para que los conductores se desplacen más despacio.

Foto | Vegmálun GÍH

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