[Imagen (cc) Horia Varlan]

Aunque el funcionamiento de los semáforos que se utilizan para regular el tráfico es esencialmente universal (verde pasar, naranja detenerse si se puede parar con seguridad o avanzar con precaución si parpadea, y rojo detenerse), su configuración y funcionamiento puede variar ligeramente en distintos lugares.

Por ejemplo, en algunos países el rojo y el amarillo se encienden simultáneamente para indicar que el semáforo va a ponerse en verde. En España antiguamente el amarillo también podía encenderse junto con el verde antes del rojo o junto con el rojo antes del verde. Sin embargo, según la DGT «la secuencia más recomendable y al mismo tiempo más sencilla es aquella en la que los tres colores aparecen sucesiva y separadamente, indicando cada uno exclusi­vamente la obligación de marchar, tener precaución o parar».

En otros países, como por ejemplo en EE UU, algunos semáforos situados en intersecciones amplias o conflictivas añaden una cuarta luz de color azul o blanca que se sitúa encima del semáforo, de tal modo que puede verse desde cualquier punto de la intersección. Esa luz adicional se enciende cuando el semáforo sobre el que está situada está en rojo, de modo que cualquiera puede saber qué semáforos están en rojo y cuáles no. Especialmente los agentes de tráfico pueden identificar fácilmente cuándo un conductor se salta un semáforo en rojo.

En Japón, algunos semáforos están formados por los colores rojo, amarillo y un tercero que a nuestros ojos podría parecer ser de color azul. En realidad ese azul es un verde turquesa, un verde muy cercano al azul en el espectro de colores. Eso es debido a una cuestión cultural y de idioma: en países asiáticos como Japón, Corea o Vietnam se utiliza la misma palabra para identificar el azul y el verde dependiendo del contexto y el tono de color. Aunque el japonés moderno añade una palabra nueva para identificar el verde, culturalmente ambos se consideran variaciones del mismo color. Por ese motivo el verde de algunos semáforos puede «parecer» azul, o un verde azulado y se llama «azul» (aoshingo, «luz azul»), aunque en un semáforo sea «verde» y también —en un semáforo— signifique «verde, avanzar».

El semáforo marítimo de Camaret-sur-Mer. La palabra semáforo existe desde varios siglos antes que los semáforos de tráfico. Fotografía (cc) Pline

Existen también propuestas de semáforos que muestran los mismos tres colores con distintas formas (cuadrado el rojo, romboide el amarillo y circular el verde), de tal modo que los daltónicos puedan identificar su estado rápidamente.

El primer semáforo que sirvió como señal luminosa para regular el tráfico se instaló en Londres en 1868 y funcionaba con luces de gas. Su invento se atribuye a J.P. Knight y regulaba el tráfico de caballos y carruajes, que en aquel entonces se cobraban la vida de más de mil personas al año.

El predecesor del semáforo moderno, eléctrico y automatizado, fue un desarrollo del estadounidense Lester Wire en 1912.

Inicialmente los semáforos de Knight y Wire sólo utilizaban los colores rojo para detenerse y verde para avanzar, pudiendo sonar una sirena para avisar del cambio. Pero en aquella época también hubo variantes que en lugar de un código de color mostraban las palabras «parar» y «avanzar».

El uso de los colores rojo y verde es una herencia de los colores utilizados para indicar el lado de paso de los barcos. De ahí pasó a la circulación de los ferrocarriles, al tráfico rodado y a las alas de los aviones.

En España el primer semáforo se instaló en 1926 en el cruce de la calles Alcalá y Barquillo, en Madrid.

Algunos semáforos se pueden controlar con un mando a distancia, por ejemplo para permitir el paso de personas ciegas.

Actualmente algunos semáforos en zonas urbanas muestran una cuenta atrás, numérica o visual, del tiempo que resta antes de que el semáforo vuelva a cambiar de color.

La palabra semáforo existe desde varios siglos antes que los semáforos de tráfico y se refería a las torres que se utilizaban para transmitir mensajes mediante señales ópticas, utilizando banderas y moviendo los brazos (como en el alfabeto semáforo) o utilizando luces.

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