Desde pequeños, hemos aprendido a no perdernos. No solo por la insistencia de nuestros padres, sino también por la angustia que sentíamos cuando de pronto no los localizábamos, cuando nos veíamos perdidos y abandonados (aunque en muchas ocasiones estuviesen detrás de nosotros). Perderse no es agradable y cada vez que viajamos nos aseguramos de que no nos pase, armados con mapas, GPS y planes de viaje.

Pero en esos viajes en los que no dejamos casi nada al azar, en los que sabemos siempre dónde estamos, también renunciamos a sentir algo muy valioso: la emoción exploradora, la sorpresa constante, el aprender a mirar hacia los lados y no solo de frente, hacia ese objetivo que nos hemos puesto. Perderse es también un arte, algo que deberíamos intentar hacer más al viajar, quedándonos además solo con la parte buena: perdernos a propósito, sabiendo que cuando decidamos que se ha acabado el momento de exploración, podremos volver a encontrarnos. ¿Cómo perdernos en nuestro próximo viaje? Estos son algunos consejos:

1. No investigues

Esto es muy duro, sí, pero si de verdad quieres lograr perderte, intenta ir de viaje con los deberes sin hacer. No estudies la guía ni te empapes de conocimiento sobre qué debes hacer en el lugar al que vas. Limítate a la historia de tu destino, o a leer libros cuya acción transcurre ahí. Tendrás una idea general cuando llegues y muchas, muchas ganas de lanzarte a la exploración.

2. Sal sin tecnología

Esta es la clave: deja el móvil y la tableta en el hotel o, si eso te crea mucha ansiedad, desconecta el GPS. No lleves tampoco un mapa de papel. Sal a la calle y camina sin rumbo, escoge simplemente los caminos que te parezcan más atractivos, no te preocupes por llegar a ningún lugar: ya estás en él, solo toca explorar.

3. Mira a tu alrededor

No se trata de caminar sin más, sino de saborear cada momento y cada rincón. Mira a tu alrededor: los edificios, la gente, la naturaleza… Seguro que de pronto no puedes dejar de sacar fotos de esta nueva tierra que te parecerá inexplorada.

4. Hasta el final de la línea

Si la zona de tu hotel ya la conoces bien o es muy céntrica, haz el clásico truco de coger cualquier medio de transporte al azar y bajarte en la última parada. Verás otro lado de la ciudad en la que estés: cómo se vive lejos del centro y las zonas turísticas, cómo es la gente en su día a día, en qué lugares come, en cuáles compra, en cuáles descansa…

5. Habla con la gente

¿Lo mejor de perderse? Es una excusa perfecta para hablar con los locales: puedes preguntar direcciones si has decidido que la hora de la exploración ha llegado a su fin (no hay que llevar el experimento hasta el extremo de encontrarse de noche en una zona desconocida y sin saber cómo volver al hotel), o puedes simplemente pedir que te recomienden cosas. ¿Dónde puedes comer por ahí? ¿Cuál es su lugar preferido de la zona? ¡Puede que hasta te acabes haciendo un amigo!

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